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«REAL HISTORIA DE INDIOS. Expulsión de los Jesuitas. Reacción y dispersión de los Abipones», por Raúl Coronel

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La Primera Misión Jesuita en el Chaco se realizó entre los años 1585/1767. Durante 182 años lo recorrieron en distintas direcciones y donde los Abipones les permitieron, hicieron pueblos de los que fueron sus protectores. Años antes de la expulsión, en 1763 el Padre Martín Dobrizhoffer fundó la última Reducción para Abipones Jaaukanigás Santo Rosario o San Carlos o el Timbó, cimiento de la Ciudad de Herradura en Formosa.


El Padre Dobrizhoffer acompañó al Padre Klein en la Reducción San Fernando del Río Negro, misionó también en San Javier de los Mocovíes, San Jerónimo del Rey y Purísima Concepción en Santiago del Estero. Estando el Padre Martín en San Fernando enfermó gravemente por no poder dormir a causa de los mosquitos, siendo trasladado primero a la costa del Río Uruguay, después a la región del Tarumá al Norte de Paraguay, donde se repuso satisfactoriamente para venir a fundar la Reducción en El Timbó.

Dr. Raúl Osvaldo Coronel
Abogado Mat.764 STJ Chaco
Especialista en Evaluaciones Ambientales

Los Jesuitas fueron perseguidos por comerciantes, encomenderos explotadores y traficantes de esclavos, que gestionaron la expulsión ante el Rey. La promoción humana, la protección y la no explotación del indio les provocaron cuantiosas pérdidas. Fueron calumniados por el pecado de asegurar la libertad y los derechos humanos del indio. Lograda la expulsión, ninguna otra obra pudo contener al indio, se volvió al bosque y reinició la lucha en venganza.

La Cédula Real del Rey Carlos III del 27 de febrero de 1767, ordenó la expulsión de todos los territorios del dominio español y la confiscación de sus propiedades. Se acusaba a los Jesuitas de proteger a los indios en una rebelión contra la Corona, quebrantar la autoridad del soberano y la tentativa de formar un reino indio independiente. En el Río de la Plata la ejecutó el Gobernador Francisco de Paula Bucareli y Urzúa. En San Fernando del Río Negro el Corregidor Sebastián Casafuz desde Corrientes, a partir de agosto de 1767, siendo apresados y encarcelados el Padre José Klein y el Padre Juan Francisco Quesada.

Intervino el Corregidor en compañía del Padre Fray Bernabé Amarilla e inventarió los bienes, alhajas de la Iglesia y de la Sacristía, por separado del almacén y despensa, resultando una extensa nómina de bienes. En la mesa de la Casa Parroquial quedó el violín de Klein y un cuadrante solar para medir el tiempo de piedra rosada, que encontró el Científico Ángel Justiniano Carranza de la Expedición Militar Bosch, en el año 1883.

Casafuz además, se constituyó en la estancia Las Garzas en inmediaciones de Bella Vista Corrientes signada para la manutención de los Abipones de San Fernando. Inventarió allí más de 12.000 cabezas de ganado entre vacunos, caballares, ovejas y bienes que fueron puestos a cargo del correntino Antonio Suarez. También encontraron bienes y ganados en los puestos El Espinillo y de la Isla Pelada que dependían de la Estancia.

Mediante un ingenioso sistema de una balsa, trasladaba el Padre Klein, el ganado vacuno para la Reducción San Fernando que navegando el Río Paraná ingresaba al Río Negro hasta la Reducción. Amarraba por la cabeza a los vacunos con una madera puesta como un yugo, pero por debajo del cogote, que se apoyaba en canoas de ambas puntas. De esta manera los vacunos flotaban, no se dispersaban y podían nadar a la vez hasta su destino.

El Padre Klein preparó también tierras para la labranza e instaló su obraje, consolidando por años el comercio de la madera. Enseñó a sus reducidos el oficio de carpintero, quienes fabricaron carretas. Construyó con ayuda indígena barcos de hasta 20 toneladas, navegó por el Río Paraná transportando productos a Santa Fe y Buenos Aires, además del cabotaje con Asunción.
La Reducción San Fernando quedó al mando del Franciscano Bernabé Amarilla, que desconocía el idioma y no soportó además los rigores del clima. Fue sucedido entre 1767/1773 por cinco misioneros de esa misma Orden Religiosa y tiempo después dispuso el traslado de la Reducción a la zona de Bella Vista Corrientes, de la que participaron algunos indios. El Cacique Naré no soportó el alejamiento de sus amigos y protectores los Jesuitas y un día, arreó toda la caballada, incendió las casas y se internó en la selva.

El Padre Klein fue bautizado por Dobrizhoffer como “el impávido”, porque nunca se perturbó ni tuvo miedo para enfrentar todas las situaciones de riesgo o peligro para su vida o las de sus catequizados o cuando debió enfrentar a los mismos guaicurúes. Al tiempo de su expulsión, la reducción a su cargo tenía más de 300 habitantes, de los cuales un tercio estaban bautizados.

José Klein era Doctor en Filosofía, catequizó en las Misiones Guaraníes, en San Jerónimo del Rey y en San Fernando del Río Negro. Falleció en Silesia, una región que se ubica hoy en Polonia, parte en la República Checa y Alemania. Para ese año que podría ser 1773, sus conversos ya estaban de vuelta al monte y humedales, aprestos para atacar a las ciudades españolas, en venganza por la expulsión de sus amigos los Jesuitas.

Las Reducciones fueron de una mayor utilidad para las ciudades españolas y sus habitantes, que poco o nada contribuyeron para conservarlas. En particular los habitantes de la ciudad de Corrientes, quienes mediante la Reducción de San Fernando, pudieron descansar en paz y dedicarse sin peligros a las distintas actividades de su población.

Al ser expulsados los Jesuitas sobrevino la decadencia de todas las reducciones, casi dos siglos de sacrificio y apostolado, sudor y sangre que ofrendaron los incansables obreros de Dios, cayeron por al sectarismo y la envidia. Son a su vez innumerables los mártires de la Compañía de Jesús y extenso sería explicar el martirio sufrido por sus misioneros.

En injusta síntesis, fueron muertos el Padre criollo Roque González de Santa Cruz, junto a los Padres Alonso Rodríguez Olmedo y Juan del Castillo, en Caaró (Caibaté, Río Grande del Sur Brasil), siendo sus cadáveres arrojados a la hoguera, pero el corazón de Roque quedó milagrosamente intacto. En el Santuario de Caaró está la Capilla de los Santos Mártires donde se encuentran sus imágenes y una representación del corazón del Padre González se conserva en el Colegio Jesuita de Asunción en Paraguay.

 

 

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