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Partido de la Costa: Ni la muerte de un chico logra frenar el descontrol en el uso de cuatriciclos

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Indiferentes al siniestro que le costó la vida a Franco Catanzaro, los turistas circulaban ayer sin medidas de protección por las zonas de dunas del Partido de la Costa; en Cariló, se accidentó otro menor.

 

MAR DEL TUYÚ.- Pasa el primero, levanta el brazo y con los dedos índice y mayor hace una V ante la cámara de LA NACION que registra su paso. Unos segundos después, también sin casco, otro piloto con tanta cara de adolescente como el anterior abandona la arena firme, acelera ante la primera duna, se pierde de vista por unos segundos y reaparece más adelante en un salto que a él y su vehículo los despegan del suelo más de medio metro. Un divertido y peligroso juego a alta velocidad sobre el mismo terreno donde anteayer se mató un chico de 7 años mientras conducía un cuatriciclo que chocó de frente con otro de mucho mayor tamaño.

 

Las tragedias se repiten y poco cambia. Apenas el escenario, con casos fatales durante este último mes que se dieron desde esta zona norte de la costa atlántica hasta su extremo sur, en Monte Hermoso. Y la explicación está a la vista: alcanza con recorrer la interminable franja de arena, repleta de camionetas de doble tracción estacionadas bien cerca de la orilla y cuatriciclos que van y vienen; unos a ritmo de paseo, otros a velocidad inquietante y algunos en pintorescas pero intimidantes piruetas, como circular sobre las dos ruedas traseras y las delanteras a más de un metro del piso. O apretando el acelerador para luego frenar y generar un giro brusco, de esos que levantan una cortina de arena.

 

Por eso no sorprende que otro chico ingrese a media tarde de ayer en la guardia del Hospital Municipal de Pinamar con lesiones menores tras haberse caído de un cuatriciclo, en el que iba como acompañante durante un paseo cerca de Cariló. «Se hicieron placas radiográficas, pero nada grave», afirmó a LA NACION un profesional de ese establecimiento.

 

La muerte de Franco Catanzaro se produjo en «la olla», como se conoce un sector de médanos vivos lindero a los barrios privados Villarobles y -aún en desarrollo-, Northbeach, bien cerca de Costa Esmeralda, el tercero de este sector del Partido de la Costa que tiene a Nueva Atlantis como la localidad más próxima.

 

Es el mismo escenario donde varios años atrás se corría la tradicional carrera de motos y cuatriciclos conocida como Le Touquet, una de las multitudinarias cumbres de los apasionados de estos vehículos. Hace tiempo que la competencia se mudó a otro circuito de Villa Gesell, pero aquí quedó una topografía ideal para quienes entrenan y buscan dunas muy exigentes.

 

«Cumplimos con operativos de control y está demostrado con más de 700 motos y cuatriciclos que tenemos secuestrados», explica Augusto Giachetti, director de Defensa Civil de la administración que encabeza el intendente Juan Pablo de Jesús.

 

La recorrida que LA NACION hizo por «la olla» no encontró personal policial ni municipal en proximidades del escenario de la última tragedia. Solo turistas repartidos sobre la arena, unos entretenidos en preparar sus velas para la práctica de kite surf en el mar y otros arriba de sus cuatriciclos para recorrer estas amplias playas que a unos 500 metros de las olas tienen médanos de muy buena altura.

 

Entre los que se pueden ver al volante de esas unidades, en sus distintos modelos y tamaños, hay desde adultos hasta chicos que en esas mismas playas y no hace mucho tenían como desafío más extremo construir castillos de arena. Siete chicos se suben a un ATV (una suerte de cuatriciclo ampliado con pequeño techo, butacas y caja) y un mayor, desde muy cerca y cual cuidacoches callejero, mueve sus manos para que copien cómo girar el volante y puedan salir marcha atrás, paso previo para un paseo por la zona. La complicidad e irresponsabilidad de los mayores es parte del problema.

 

Martín Yeza, intendente de Pinamar, se involucró temprano en el tema. Ayer, desde las redes sociales y luego en contacto con la prensa, destacó que en el distrito a su cargo se intensificaron los controles durante esta temporada, lo que les cuesta insultos a sus inspectores. «Lamentablemente en Costa Esmeralda [Partido de la Costa] no se ve presencia del Estado y, por eso, se derivó [a la víctima] a Pinamar», tuiteó. A primera hora, en declaraciones radiales, el funcionario daba a entender que el menor fallecido había sido atropellado mientras jugaba en la playa. Luego, en otro tuit, aclaró que no se sabía si Franco Catanzaro iba o no en un cuatriciclo. «Lo va a determinar la Justicia», advirtió.

 

Costa Esmeralda, un barrio privado de 1000 manzanas que linda con Pinamar y tiene un frente de playa de casi cuatro kilómetros, hizo llegar a este diario un comunicado en el que aclara que el accidente que costó la vida de Franco Catanzaro ocurrió a unos dos kilómetros fuera de sus límites y que puso todos los medios a disposición para «asistir a los afectados y brindarles primeros auxilios».

 

Funcionarios policiales consultados por LA NACION advirtieron sobre dificultades y demoras que tuvieron para acceder por calles internas del barrio privado hasta la zona de playa donde se produjo la tragedia. También admitieron que por esas circunstancias, cuando pudieron llegar hasta «la olla», ya habían sido removidos por particulares los dos cuatriciclos que protagonizaron el choque. «No se pudo preservar el escenario como correspondía», señalaron.

 

En vísperas del inicio de esta temporada y para reducir riesgos de accidentes, en Pinamar se fijaron y delimitaron zonas muy precisas para la circulación de vehículos en sectores de playa. En cada bajada para esas unidades hay controles que combinan participación de policías, inspectores municipales y personal de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.

 

En camionetas 4×4 se puede llegar desde La Frontera hasta jurisdicción del Partido de la Costa. Allí el camino se corta casi 10 kilómetros más adelante, en los paradores Punta Norte y Cabo Suelto, pertenecientes a Costa Esmeralda.

 

El paso se cierra con cadenas que se retiran solamente para el paso de vehículos que participan de patrullajes permanentes o acuden a atender situaciones de emergencia. En esa inmensidad de arena los controles escasean. Y el riesgo de accidentes late entre esos médanos vivos.

 

 

Fuente: La Nación

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