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Mujeres de Chile escribirán la primera constitución paritaria del mundo

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Por vez primera, habrá Carta Magna que contemple una igualdad de número y derechos de los distintos colectivos que componen la sociedad y que deben formar parte de los órganos decisorios y de gobierno. Chile, gracias a su lucha social, podrá dar este paso decisivo.

Será un primer y enorme paso en pos de la primera constitución paritaria del mundo.

Así pues, la Carta Magna será redactada por una mitad de hombres y otra, de mujeres.

Nunca, jamás, una constitución en Chile había sido redactada con la participación de alguna mujer.

M’hijita
«A mí me piden el café. Me dicen que les gusta con dos de azúcar».

Amaya Álvez tiene casi 50 años y le avala una trayectoria profesional como jurista, investigadora y docente, que ha ocupado la mitad de su vida. Pero sus colegas hombres todavía consideran que va a las reuniones a servirles el café.

«Llevo 25 años en la facultad, tengo el doctorado y todavía me dicen ‘mijita’, que significa ‘mi hijita'», lamenta. «Pero no, a mí ya no me da risa».

Miriam Henríquez es decana de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile. En el país, hay 60 facultades de Derecho y solo seis decanas; una proporción muy reveladora: «el derecho sigue siendo una disciplina dominada no solamente en número, sino también en los espacios de poder, por hombres», apunta.

Tanto Álvez como Henríquez podrían formar parte de un hito histórico: la redacción de la primera Constitución paritaria del mundo.

Las dos son candidatas a la Asamblea Constituyente que se votará el próximo 11 de abril.

Una constitución caduca
El pasado 25 de octubre, el país latinoamericano decidió por plebiscito la fecha de caducidad de la actual Constitución, un texto redactado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1980. La aplastante mayoría a favor de su abolición – el 78 por ciento de los votos – se explica por el fracaso de esta ley fundamental a la hora de representar la realidad chilena.

«Solo se tomó en consideración la visión de un hombre y un hombre en específico», dice Natalia Bórquez, abogada chilena especializada en derechos humanos, «que era un hombre neoliberal, un hombre blanco y se dejaron de lado otras perspectivas como las de las mujeres».

Bórquez se refiere a la visión monolítica del dictador Augusto Pinochet y de su régimen de hombres militares con el que se mantuvo en el poder en Chile entre 1973 y 1990.

«Entonces de ahí parte esta necesidad de que esta sea una nueva Constitución», apunta Bórquez.

Fue en este mismo referéndum, cuando se decidió que la nueva Carta Magna del país sería redactada íntegramente por miembros de la sociedad civil de forma paritaria: mitad hombres y mitad mujeres. La igualdad de género es un hito internacional, pero para Chile es mucho más: nunca una mujer había formado parte en la escritura de su Constitución.
«Creo que tenemos una oportunidad única», apunta Henríquez, «para pensar en un Chile más igualitario, más justo, que se pueda consagrar en contenidos de la nueva Constitución».

Álvez se alegra de que por una vez Chile sea noticia por su progreso. «Estamos dando efectivamente un paso que no se ha dado en el resto del mundo y que podría, en el fondo, demostrar cómo las mujeres somos capaces de unirnos», añade y lo califica de un éxito de «sororidad» al haber puesto a chilenas de izquierda a derecha a remar juntas a pesar de sus diferentes ideologías por un objetivo común.

¿Por qué Chile a la vanguardia?
Pero no es casualidad que el país latinoamericano se haya situado a la vanguardia.

Se trata de la culminación del potente movimiento feminista chileno cuyo impacto global se vio reflejado en ‘Un violador en tu camino’, que se ha escuchado en protestas de todo el mundo y en multitud de idiomas desde la primera performance de sus creadoras, el colectivo chileno Lastesis, en 2019.

Álvez cree que el éxito de este himno feminista se basa en su poder para verbalizar una experencia universal de opresión hacia las mujeres que la sociedad ha normalizado: «es capaz de visibilizarlo, de ponerle nombre y de apuntar al Estado y a los jueces».

¿El lenguaje inclusivo cambia realmente la vida de las mujeres? Este es uno de los debates mundiales a la hora de redactar un texto.

La Constitución chilena de 1980 tardó un año en incorporar el término «mujer».
«El derecho no es neutro», defiende Henríquez la necesidad de que una Constitución incluya el femenino y hable de chilenos y chilenas.

«El lenguaje lo que hace es construir realidades y es dinámico», coincide Bórquez en la necesidad de que la terminología legal evolucione, sea inclusiva y refleje la diversidad.

Pero las candidatas a constituyentes no solo están pensando en dejar su huella en los términos, sino que su misión, dicen Álvez y Henríquez, es visibilizar problemáticas que un hombre jurista difícilmente podría comprender.

«La empatía jamás es suficiente»
Gabriel, Miguel, José Pedro, Gregorio, Jordi, Manuel y Miquel. No hay un nombre de mujer en la lista de ponentes que redactó la Constitución española en 1978. Estos son los nombres de los conocidos como «padres de la Constitución», los que han pasado a los libros de historia.

Aunque sí que hubo diputadas que participaron de las Cortes Constituyentes. Unas 21 mujeres, frente a los 637 hombres allí presentes.

Todas abandonaron el Congreso cuando se votó el artículo 57 de la Constitución sobre la sucesión a la Corona que privilegiaba al varón. Se fueron para mostrar su desacuerdo con una ley que constituía una discriminación por cuestión de sexo. Sus votos de rechazo no fueron suficientes.

Esta anécdota la recordaba en el 40 aniversario de la Carta Magna española, Cristina Almeida, una de esas invisibilizadas «madres de la Constitución española».

Eran menos del 4% del hemiciclo, no tenían ninguna oportunidad de ganar el pulso.

Henríquez lo resumen en una frase: «la empatía jamás es suficiente».

«Yo creo que en este tipo de temas los hombres bien intencionados en apoyar las demandas de género jamás van a representar todas las dificultades que sufren las mujeres a propósito de cada uno de los ámbitos de nuestra vida, tanto en el ámbito público como privado».

Entre las propuestas concretas de estas candidatas, coinciden varios temas que creen que la nueva Carta Magna debe reflejar: la igualdad salarial, el derecho a vivir una vida libre de violencia, la educación no sexista o el ingreso básico universal con perspectiva de género.

Álvez explica este último proyecto como una cantidad pequeña, estimada en 167 dólares (unos 140 euros), que sirva «como la línea subsistencia» para las mujeres que se dedican a los cuidados familiares, por ejemplo para las madres que no pueden insertarse laboralmente porque tienen a su cargo hijos pequeños o que requieren cuidados especiales, concretiza.

«Podría ser una manera de remunerar indirectamente las labores de cuidado», apostilla.

Bórquez considera que la nueva Constitución tiene que establecer la corresponsabilidad de los cuidados para quitar a las mujeres el peso completo que la sociedad les ha atribuido.

«Supone también el que el Estado asuma un compromiso real respecto a estas temáticas», añade.

A la pregunta de por qué no ha habido una Constitución paritaria en el mundo hasta ahora, Álvez responde que el derecho refleja a la sociedad que rige: «nos quieren sumisas».

«¿Por qué? Porque en el fondo el techo de cristal funciona», y continua: «si de verdad queremos lograr la igualdad material vamos a tener que apurar un poco el tranco».

Fuente: mdzol

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