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Pedro García: «Luchemos por el derecho a la vida»

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Por Lic. Pedro Luis García.

El aborto es hoy, en tanto en el ámbito privado como en los medios, uno de los temas de discusión, uno de los temas de discusión permanente. Con frecuencia se escuchan opiniones a favor o en contra de su práctica, de la necesidad de su legalización o de los métodos más modernos y seguros para hacerlo.

Por ello, los obispos proclaman que el amor de Dios no hace diferencias entre el recién concebido, aun en el seno de su madre, y el niño, el joven, el hombre maduro o el anciano, y no la hace porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza, porque en todos ve reflejado el rostro de su hijo unigénito. Entonces la vida física es un bien fundamental, y el fundamento de todos los otros bienes, de su desarrollo y manifestación, razón por la cual ha  de ser respetada desde su concepción hasta la muerte natural.

Debe ser respetada, cuidada y servida, de modo que todos puedan tener alimento, vestido, vivienda, educación, trabajo, tiempo libre, asistencia sanitaria y seguridad.

El homicidio es un crimen tremendo en cualquiera de sus formas, particularmente en el aborto, pues en esa instancia la vida se encuentra en el grado más alto de vulnerabilidad y de mayor indefensión.

Por eso la legalización del aborto es un hecho grave. Pero algunos legisladores, los que nos representan a nosotros, promueven sin piedad esta ley sin percibir que cortando el primer derecho, el de nacer y crecer en el vientre de su madre, se está transmitiendo un mensaje mortal a la sociedad.

De una manera atroz e inhumana se dice que se tiene el derecho de eliminar al que se considere molesto e inoportuno.

Otro mensaje implícito es el imperio de la ley del más fuerte: la madre que puede hablar o el padre que, escondido detrás del machismo, victimizan a un feto a quien las leyes han declarado sujeto de derecho; y lo hacen con verdades a medias mencionando únicamente el derecho a la madre a disponer de su cuerpo, y sutilmente llamando interrupción a lo que en realidad es un brutal atropello contra el más indefenso. Esta es también una manera de alimentar la violencia familiar.

El momento preciso de la concepción es el tema más discutido, y en la discusión en relación con el aborto, algunas posiciones especulan con la condición de no humano del feto en sus etapas iníciales.

La iglesia entiende que la vida humana comienza en el mismo momento de la fecundación del ovulo con el espermatozoide, y por esta razón rechaza categóricamente el aborto temprano, como también el uso de las píldoras del día después.

El embarazo comienza con la fecundación, no con la anidación del ovulo fecundado. Desde la fecundación es ser humano, distinto de su madre, que comienza vivir su propia vida a las etapas previas a su anidacion en el útero materno.

Es verdad que su viabilidad es mucho más baja que en etapas posteriores de su existencia y que muchos embriones se malogran de modo natural, pero eso no autoriza a nadie a eliminarlos consciente o voluntariamente.

Por ellos hoy es el mejor momento para que todos los ciudadanos, profesemos o no una religión, levantemos nuestras voces con fuerza para evitar que se cometa un grave e irreparable error que va a dañar profundamente nuestra sociedad.

 

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