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Los tres argentinos que revolucionaron la Cardiología

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En coincidencia con la fecha en que se fundó la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), cada 9 de abril se celebra el Día de la Cardiología Argentina. Desde 1937 a hoy, pasaron miles de cardiólogos bajo el puente de la SAC, tanto reconocidos profesores como jóvenes médicos en formación. Cada uno de ellos probablemente festeja hoy este día recordando a sus diferentes maestros y colegas. Pero, a la hora de reconocer a los que hicieron historia, todos coinciden en tres nombres que revolucionaron la especialidad: René Favaloro, con su operación de by-pass coronario; Julio Palmaz, con el stent; y Juan Carlos Parodi, con la endoprótesis vascular.

Los tres grandes innovadores de la Cardiología mundial fueron médicos argentinos que compartieron tanto su pasión por internarse en aguas desconocidas como su interés por encontrar soluciones para algunos de los problemas más graves de sus pacientes. Favaloro y Palmaz tuvieron en común la cuna platense y la formación médica en la Universidad de La Plata, mientras que Parodi y Favaloro fatigaron en distintos momentos los pasillos de la Cleveland Clinic para su formación quirúrgica. Además, Palmaz y Parodi trabajaron juntos en el desarrollo de endoprótesis vasculares.

Estas raíces cruzadas entre los tres grandes innovadores de la Cardiología no parece una casualidad. La formación médica de primer nivel en la Argentina, la especialización rigurosa en los Estados Unidos, el talento y el esfuerzo para concretar ideas originales más allá de los obstáculos, unen a estos tres argentinos más allá de las diferencias de personalidad.

Historias de pioneros

Quizás el más famoso cardiólogo en la Argentina es René Favaloro (1923–2000). El cirujano torácico que nació en un hogar humilde de La Plata –hijo de un carpintero y una modista- y pasó 12 años de su vida como médico rural en un pueblo pampeano, viajó a Estados Unidos para capacitarse en cirugía cardiovascular y, tras una década, volvió a la Argentina en 1971 para crear la Fundación Favaloro, una institución que todavía es líder en cirugía cardíaca.

Mientras se formaba bajo la tutela de Donald Effler en la Cleveland Clinic, Favaloro pasaba horas revisando las coronariografías de Mason Sones para aprender anatomía arterial. Así, en 1967, René desarrolló la tecnología de by-pass coronario utilizando la vena safena como un puente para superar la obstrucción de una arteria coronaria. La primera operación se realizó el 9 de mayo de ese año en una mujer de 51 años.

“El aporte de Favaloro fue extraordinario, el más importante en la Cardiología no sólo argentina sino también mundial”, afirma Ernesto Weinschelbaum, el cirujano general rosarino al que le recomendaron, a los 28 años, viajar a Buenos Aires para conocer a “un tal Favaloro”, que iba a volver al país desde la Clínica Cleveland. Tras algunas dudas, Weinschelbaum habría de convertirse en la mano derecha de Favaloro –mejor dicho, cualquiera de sus manos, porque todo su equipo operaba con las dos-. Entre 1971 y 1999, el cirujano rosarino operó junto a Favaloro, primero en el Sanatorio Güemes y, después, en la Fundación Favaloro.

Weinschelbaum recuerda los primeros tiempos de intenso trabajo, cuando el grupo de Favaloro –él y tres ayudantes cirujanos, el perfusionista, el anestesiólogo y la instrumentadora quirúrgica- operaban hasta 12 pacientes por día, y cumplían con un cupo autoimpuesto del 10% en forma gratuita. “René Favaloro tenía una relación muy cercana con los pacientes y sus familiares, estaba siempre actualizado y nos daba una gran libertad académica, ya que detestaba el modelo europeo del jefe de servicio como gran patrón”, dice Weinschelbaum, quien fue su primer residente de Cirugía Cardiovascular en la Argentina.

En su consultorio de Buenos Aires, el cirujano rosarino subraya que el gran aporte de Favaloro no sólo fue la cirugía de by-pass con la vena safena y la arteria mamaria –operó a decenas de miles de pacientes- sino también la formación de cirujanos cardiovasculares en todos los países de América latina –más de 450- y el desarrollo de muchos instrumentos que se utilizan todavía en las cirugías cardiovasculares. “Favaloro era muy hábil con las manos y estaba siempre perfeccionando los instrumentos, a los que jamás se le ocurrió patentar. Era muy nacionalista y quería desarrollar todo lo que usábamos acá”, recuerda Weinschelbaum. Dentro del quirófano, Favaloro sólo se permitía conversar de fútbol. Alguna vez quiso hacer el curso de DT en la AFA para guiar a su querido Gimnasia y Esgrima de La Plata. No le daban los horarios.

Favaloro valoraba la educación más allá de cualquier otra cosa, y se convirtió no sólo en un maestro de la cirugía cardiovascular sino también en un referente del humanismo en la sociedad argentina, que todavía lo considera un héroe que prefirió morir antes que prestarse a manejos non sanctos para pagar sus deudas.

Generación mínimamente invasiva

Por su parte, el médico radiólogo argentino Julio Palmaz, nacido en 1945, también hizo el camino de La Plata a Estados Unidos, donde inventó y patentó en 1986 el primer stent metálico, que revolucionó la revascularización coronaria y lo convirtió en uno de los grandes inventores y emprendedores de EE.UU.

Dr. Julio César Palmaz

Diferentes variaciones del stent original se colocan hoy a 3 millones de pacientes por año. Se calcula que más de 25 millones de pacientes ya han recibido este dispositivo que surgió originalmente de la mente de Palmaz en 1978.

El stent de Palmaz fue un componente básico en varios dispositivos cardiovasculares implantables, como el bypass endoluminal aórtico, de Juan Carlos Parodi, y la válvula aórtica transluminal (Sapien). Profesor vitalicio en la University of Texas Health Science Center, San Antonio, Palmaz sigue investigando en nuevos materiales para mejorar las prótesis y tiene más de 50 patentes en su haber.
“Yo soy un producto de la Argentina, no hay dudas”, reflexiona Palmaz. “Argentina me dio todas las armas para triunfar. Fui a la primaria, la secundaria y la universidad en La Plata y cuando fui a Estados Unidos yo estaba muy bien preparado”, recuerda en una entrevista con la SAC (ver aparte).

Finalmente, el cirujano vascular periférico Juan Carlos Parodi tiene una historia algo diferente, ya que nació en 1942 y se crió en Villa Devoto en una casa de buena posición, estudió Medicina en la Universidad del Salvador y siguió los pasos de cirujanos que conocía y admiraba desde su primera juventud, como Jorge Manrique.

Dr. Juan Carlos Parodi

Fue en Estados Unidos donde Parodi brilló al operar aneurismas abdominales a través de una técnica mínimamente invasiva que describe como “armar un barco dentro de una botella”. La idea, cuenta Parodi en un video, le sobrevino por primera vez en 1976, mientras se formaba en la Cleveland Clinic junto a Edwin Bevin.

Al volver a Buenos Aires, Parodi empezó a experimentar con el dispositivo que estaba probando Palmaz para desarrollar lo que se convertiría, con los años, en la famosa tecnología EVAR (Endovascular Aneurysm Repair). El reemplazo de la pared de la aorta con una prótesis sintética, a través de la ingle y con anestesia local, salvó desde entonces la vida de muchos pacientes, que no sólo evitaron de esta manera una operación cruenta sino que también pudieron volver rápidamente a sus hogares.
En verdad, subraya Parodi, “la terapéutica nueva nació en la Argentina y luego la llevé a Estados Unidos”. El cirujano trabajó durante 14 años con animales y con distintos materiales para desarrollar una endoprótesis adecuada.

Los primeros casos se realizaron entre 1990 y 1991, y enseguida “fue un boom”, recuerda el cirujano vascular, que fue invitado a presentar su tecnología en foros de Estados Unidos, Europa y Asia. Hoy la endoprótesis luminal desarrollada por Parodi es la que se utiliza más frecuentemente para operar aneurismas aórticos, traumas y disecciones aórticas. “Fue un sueño delirante, pero prueba que si la idea es buena y uno es persistente, se puede hacer”, reflexiona.

Tras una etapa como profesor en la Universidad de Washington y otras instituciones estadounidenses durante la primera década del nuevo milenio, “Johnny” Parodi volvió a la Argentina en 2012. Desde la Clínica Trinidad, en San Isidro, cerca de su amado club de golf, Parodi sigue formando equipos multidisciplinario de trabajo e investiga en nuevas prótesis y tratamientos para problemas neurológicos.

Si bien el cirujano vascular enfatiza la mayor sensibilidad que hay en la Argentina respecto de otros países, también critica la ineficiencia y la deshonestidad, no sólo por lo que se hace sino también por lo que no se hace en el país, y desliza quejas por la falta de reconocimiento de sus colegas locales. De todos modos, Parodi asegura que la Medicina “es la mejor carrera, es muy gratificante”. Y a los médicos jóvenes, les recuerda que “todo lo hizo en la Argentina, con recursos limitados pero con mucha exigencia y disciplina”.

Las claves de la creatividad

“Argentina ha sido muy prolífica en la parte creativa. Tiene que haber algo, no sé si innato o adquirido, entre los muchachos argentinos que es de valor”, apunta Julio Palmaz. “Espero que la gente que tiene la oportunidad de influenciar, aproveche la fuerza que tienen los muchachos jóvenes en Medicina. Y no sólo en el área de Cardiología sino también en otras áreas que hacen falta, como el neurointervencionismo. Esto requiere talento, esfuerzo y concentración, y todo eso debe promoverse para lograr avances en este área”, subraya Palmaz, desde Estados Unidos.

“La creatividad de los argentinos es admirada en todas partes y especialmente se destaca en Latinoamérica, hay que saber aprovecharla en forma eficiente”, agrega Parodi, quien también desarrolló un método para angioplastias de arterias carótidas con reflujo inverso, disminuyendo el riesgo de accidente cardiovascular. El cirujano vascular operó precisamente de la carótida derecha al ex presidente Carlos Menem, en 1993.

“Innovar es crear”, afirmaba Parodi en una entrevista reciente. “Para eso hay que sorprenderse todos los días al abrir los ojos, perder la memoria y mirar las cosas desde diferentes ángulos, tener una actitud abierta, sin prejuicios. Hay que ser un transgresor intelectual. Para crear, hay que prestar atención y hacer observaciones, pensar que hay muchas cosas que no sabemos todavía. Hoy los grandes inventos surgen del brainstorming de pequeños grupos, donde las ideas se complementan y se asocian, y las ideas ya no son de uno u otro sino de todos los del grupo”.

Precisamente el 9 de abril de 2014, Día de la Cardiología Argentina, Parodi tuvo un encuentro con el Papa Francisco, quien le agradeció haberle salvado la vida cuando era un ignoto cura con una gangrena en la vesícula. “Dicen que la Medicina es un sacerdocio, y tiene algo de eso. El médico tiene una tendencia a ayudar y pelea siempre para curar a los pacientes con pocos recursos”, concluye Parodi.

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