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Lollapalooza 2018: la primera hora de la tarde a pura cumbia

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“Este es el Lolacumbia” arengaba Pablo Lescano, como un triunfo personal, ante una multitud que se acercó a ver a Damas Gratis en el segundo día del Lollapalooza. El rey de la cumbia villera, agitaba a la masa, que no paraba de bailar con su popurrí de himnos cumbieros y encendía la fiesta en las primeras horas de la tarde con su teclado psicodélico, en una jornada enrarecida por la amenaza de tormentas eléctricas.

 

Pero a la hora de Damas Gratis, el sol empezaba a pegar fuerte de nuevo y con Metronomy, la gente ya se escondía como lagartos debajo de totems o en pequeños espacios de sombra.

 

Los que llegaron bien temprano al predio estaban desorientados. La amenaza de tormenta eléctrica corrió los horarios de la grilla. Todos los primeros shows de la tarde: Bambi, Nene Almíbar, Halpe y Los mejores se acabaron debieron ser levantados para poder adelantar toda la grilla una hora. Los cuatro grupos tocarán en la edición del año que viene.

 

El gran cierre The Killers quedó finalmente a las 20.30. en vez de las 22.15, como estaba programado originalmente y el festival terminará a las 22 por los factores climáticos. El domingo será igual.

 

La gente reacomodaba toda su grilla en su cabeza, a la par que actualizaba sus apps y seguía la información en las pantallas desperdigadas en los predios y así armaba su nueva ruta para ver a sus artistas preferidos. «Amo a Kaleo y me los perdí porque estaba viajando en tren», dice uno de los chicos que se quedó con las ganas de ver a los islandeses en el horario original.

 

Un puñado de tempraneros apreció la original propuesta cancionera del rey indie mendocino Luca Bocci y la intensidad rocanrolera y la energía de Marilina Bertoldi, una de las chicas fuertes de la escena actual. Y en la otra punta, en el Perry’s Stage, los aficionados a la electrónica empezaban a sentirse como en una disco a cielo abierto.

 

En el Main Stage 1, la banda americana The Neighbourhood sonorizaba las primeras horas del dia con un puñado de canciones con melodías indie y cierta melancolía pop, que dejó una buena impresión. El cantante y compositor Jesse Rutherford lideró al grupo por un viaje sonoro atmosférico, por momentos oscuro, que acompañaba las nubes negras que se cernían sobre el predio.

 

El sol salió fuerte cuando apareció Damas Gratis. Fue la postal de la tarde. Todos con las manos en el aire para recibir al patrón de la cumbia de zona norte. Un símbolo de una cultura popular que hizo pie en el Lollapalooza. Lescano, que invitó al baile con su teclado psicodélico, camino por un mensaje tan bailable como social: pibes chorros, historias marginales y la vida después de la explosión social de 2001. La penetración de la cultura cumbiera se hace visible en la reacción de un público de distintas edades y tribus, por fuera de esa circuito, que baila, canta y hasta acepta la ironía de Pablo Lescano. «El que no salta es un concheto». Frente a un público ABC1, la arenga de Lescano suena a dulce venganza, todos rendidos a sus pies, con su sonido cien por ciento cumbiero y villero. «Cumbia hasta el lunes», amenaza Pablo. Su teclado vuelve a disparar ese fraseo hipnótico y peposo. Suena la intro de «La danza de los mirlos» y el público queda hipnotizado. El público no puede dejar de bailar. El sonido de la cumbia copa el Lollapalooza por una hora. El sol aparece entre las nubes negras.

 

 

Fuente: La Nación

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