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La duda de siempre para elegir una carrera universitaria: ¿futuro económico o vocación?

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Los jóvenes indecisos optan por tests vocacionales para disipar sus dudas. Cuáles son las tendencias de los últimos años y las áreas que más se adaptan a los perfiles de 2018.

 

Diciembre y enero son meses de definición. Muchos indecisos aún no saben qué carrera universitaria comenzar en marzo de 2018. Son días de introspección, de identificar intereses y habilidades, de analizar la salida laboral de cada profesión, de establecer prioridades.

 

El último informe de viaedu, una plataforma que ofrece un test vocacional online, sobre 9.000 personas, arrojó que la amplia mayoría (77%) busca estudiar carreras de cuatro años o más. Solo el 5% quiere hacerlo en una universidad privada mientras que al 58% le es indistinto.

 

Antes de hacer el test, la mayoría de los jóvenes de entre 16 y 30 años no saben qué estudiar o les gustan demasiadas cosas y el 13% busca una carrera que le asegure un buen porvenir económico. De cara a 2018, los perfiles coinciden con carreras sociales o humanísticas con una presencia menor de las ingenierías pese a la amplia demanda que impone el mercado laboral.

 

Administración (44%), Psicopedagogía (38%), Trabajo Social (32%), Psicología (31%) y Terapia Ocupacional (30%) son las que más se adaptan a las características del participante promedio. Por su enfoque generalista, dicen, era «de esperarse Administración como la principal». Julieta Beistegui, cofundadora de viaedu, señaló: «Suele ocurrir en carreras como psicopedagogía o terapia ocupacional que los chicos las descartan sin siquiera conocerlas. También ocurre que sistemas o ingeniería no son elegidas aunque hayan sido recomendadas».

 

La elección, como siempre, consta de dos elementos que en ocasiones confluyen, pero mayormente no: gustos personales vs. salida laboral. Priorizar lo que me gusta o lo que me asegura un próspero futuro económico. «Todavía en la Ciudad de Buenos Aires, en la que hay tantas posibilidades de elegir, se sigue priorizando lo que te gusta», sostuvo Catalina Nosiglia, secretaria académica de la UBA.

 

En los últimos años, la UBA mantuvo la alta demanda en carreras vinculadas a la salud como enfermería, nutrición, instrumentación quirúrgica, obstetricia, entre otras. Sostuvo el incremento de psicología y, por impacto tecnológico, crecieron arquitectura y diseño, que acaparan mayor interés en Capital y Provincia de Buenos Aires. A su vez, hubo un aumento relativo en ingeniería. «Hay una reflexión ponderada por parte de los alumnos y de sus familias. Una idea de que siendo ingeniero van a conseguir trabajo y, de hecho, muchos de nuestros estudiantes consiguen empleo antes de terminar la carrera», afirmó Nosiglia.

 

Pese a la inserción laboral, según la secretaria académica, las ciencias exactas y las ingenierías no se eligen masivamente porque el secundario ofrece «malas experiencias» en materias como matemática, física o biología que generan que el alumno no se sienta capaz. «El éxito en el secundario determina enormemente la elección posterior», aseguró.

 

Según una encuesta realizada por InterUniversidades, una red social universitaria, a más de 5.000 jóvenes argentinos que ya hicieron una incursión en los estudios superiores, el 58% abandona la carrera en el primer año de cursada. Más grave aún, un tercio de ellos deja la universidad definitivamente, ni siquiera opta por otra carrera. La apuntada, otra vez, es la secundaria.

 

En ello trabaja la UBA. Hace cinco años imparte cursos preuniversitarios gratuitos a través de su campus online que les dice a los jóvenes cuáles son los contenidos que deben manejar para ingresar a la universidad. Hay uno de matemática, uno de física, uno de lectura y comprensión de textos académicos. En el corto plazo, lanzarán uno de lenguaje matemático y otro de química.

 

«Hoy no podemos pensar en trayectorias lineales de estudio y de trabajo. La clave para la buena elección universitaria es apelar a los deseos personales y enfocarse en la carrera más que en el título, tanto en la universidad como en el mercado laboral, y visualizarse a uno mismo en ese contexto», expresó Alexis Genuth, CEO de InterUniversidades.

 

La duración de las carreras es otro de los factores que afectan el abandono. Cinco, seis años que terminan siendo incluso más. «El diseño de la carrera está pensada para alumnos full time. Tenemos muchos alumnos que trabajan, por lo cual no la terminan en el tiempo diseñado», explicó Nosiglia. En Estados Unidos y Europa promueven carreras más cortas y la continuidad en maestrías o doctorados. En Argentina, en cambio, muchas contienen especializaciones dentro de la currícula de grado.

 

 

Fuente: Infobae

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