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España humilló a la Argentina en Madrid: goleó 6-1 al equipo de Sampaoli

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Fue un duro golpe de realidad. Un partido que desnudó falencias, remarcó diferencias estructurales. La selección, sin Lionel Messi, sufrió una goleada 6-1 ante España, en el último amistoso oficial antes del Mundial de Rusia. A la Argentina sólo le quedarán los encuentros pactados en la Bombonera, el 30 de mayo (Bolivia podría ser el rival), e Israel, el 9 de junio. En una prueba de fuego, y ante un rival de que llega como candidato a la Copa del Mundo, la selección no estuvo a la altura y encendió todas las alarmas.

 

España encontró líneas de pase en cualquier parte de la cancha. Eso obligó a la Argentina, ante la evidente inferioridad en la capacidad para asociarse, a correr siempre de atrás. El desgaste no es sólo físico: sobre todo es mental. No hubo, a lo largo de todo el primer tiempo, una manera de encasillar a los futbolistas locales en una posición. ¿Qué es Thiago Alcántara? ¿Volante central? ¿Interior izquierdo? ¿De qué juega Isco? ¿De extremo izquierdo o derecho? ¿O en el medio? Solo a Diego Costa se le puede añadir una referencia concreta: él es un finalizador nato. Mejor no incluirlo demasiado en la sinfonía de pases que arrancan en De Gea.

 

«Ellos tienen todo lo que nosotros deseamos», había dicho Sampaoli el día anterior cuando le pidieron que destacara la máxima virtud de España. La Argentina empezó tímida, condicionada por el toqueteo local. Pelearle la posesión al equipo que inventó el concepto sonaba a objetivo inalcanzable. Y el andar del partido lo demostró. Lo que podía hacer la selección, disminuida por la ausencia de Messi, era agruparse para viajar junta de lado a lado. «Tenemos que ser un vagón, no un tren», había trazado la idea el DT. Cuando lo consiguió por primera vez, a los 7 minutos, encadenó una serie de pases que empezó en Mascherano, siguió en la conducción de Lo Celso, continuó en un desborde de Meza y terminó con una mala definición de Higuaín en la cara del arquero. Fue un despertar, un modo de decirle a España que la vía del contraataque podía ser eficaz.

 

Pero ese primer tiempo, rico en matices, tuvo más que nada el dominio posicional que España es capaz de ejercer ante cualquiera. Aumentado cuando Iniesta -¡Iniesta!- presionó alto a Mascherano, le robó la pelota y la jugada culminó en el gol de Diego Costa. Romero, golpeado en la acción, tuvo que dejar su lugar. Y entonces Sampaoli tomó una decisión que puede ser un indicio a futuro: adentro Caballero, no Guzmán. Más allá del detalle, el trámite no varió; España gobernaba y la Argentina esperaba. Banega, poco participativo, se parecía poco y nada al que resolvió el partido contra Italia.

 

La cara la daba sobre todo el debutante Meza, audaz para encarar y peleón contra cualquiera, por más que se llamara Sergio Ramos. Una inesperada buena noticia dentro de un contexto denso: había que remolcar un 2-0, que llegó tras un desborde de Asensio por derecha y una definición de Isco por izquierda, justo al revés de como habían empezado.

 

 

Fuente: La Nación

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