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9 de Agosto: Día Internacional de los pueblos Indígenas

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El 9 de agosto de cada año se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que en el mundo suman alrededor de 350 millones de personas y representan el 15% de los más pobres según la ONU. 5.000 grupos en más de 70 países que luchan por el reconocimiento de sus tradiciones, su identidad y su cultura.

Todos heredan y practican sus culturas, retienen sus rasgos sociales, culturales, económicos y políticos, distintos de los predominantes en las sociedades en las que viven. Hablan aproximadamente 7.000 lenguas en el mundo y en  América Latina son cerca de 46 millones de indígenas y 826 pueblos reconocidos por los Estados.

Dr. Raúl Osvaldo Coronel
Abogado Mat.764 STJ Chaco
Especialista en Evaluaciones Ambientales

Esta gran diversidad de pueblos enfrenta la más cruel discriminación racial, social y económica, la explotación de sus tierras, la privación de los recursos y la falta de acceso a los servicios sanitarios y la educación. La celebración es apropiada para mostrar la riqueza de las culturas indígenas y alabarlas, concientizando sobre los problemas que sufren y que hay que desterrar.

 

Buscan desde hace años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida, el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos naturales, pero a lo largo de la historia sus derechos han sido siempre violados. Actualmente son las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo, aunque la comunidad internacional reconoce ahora, que se necesitan medidas especiales para proteger sus derechos, mantener sus culturas y formas de vida.

 

Padecen  una deficiente atención sanitaria, tienen la tasa más altas de enfermedades transmisibles y no transmisibles, falta de acceso a servicios esenciales, saneamiento y otras medidas preventivas claves, como agua limpia, jabón, desinfectante. La mayoría de las instalaciones médicas locales cercanas, si es que las hay, suelen estar mal equipadas, sin personal e incluso pueden enfrentarse al estigma y la discriminación.

 

Son herederos de una gran diversidad lingüística y cultural, así como de costumbres y tradiciones ancestrales. Aunque plurales, los pueblos indígenas comparten desafíos similares al momento de defender el reconocimiento y protección de sus derechos. Están cada vez más expuestos a migraciones forzadas, que a menudo son el resultado de desastres ecológicos o conflictos sociales y políticos. Son expulsados de sus territorios, ven que sus estilos de vida y culturas se desintegran. Con frecuencia las perspectivas de retorno se desvanecen.

 

En el 2020 se pondera la resiliencia indígena con sus propias soluciones a la pandemia. Utilizan sus conocimientos y prácticas tradicionales, como el aislamiento voluntario y el cercamiento de sus territorios, medidas preventivas difundidas y abordadas en sus propias lenguas. Por su relación con la biodiversidad saben que su degradación desencadena enfermedades, sus territorios albergan el 80% de la biodiversidad del mundo y pueden enseñarnos sobre cómo reequilibrar nuestra relación con la naturaleza para reducir el riesgo de futuras pandemias.

 

El día nos trae a la memoria y vale el “nunca más”, lo que sucedió en nuestra América, habitada por millones de seres humanos, al momento de la ocupación española que venían por el oro y la plata. Nuestros indios fueron víctimas de esa codicia y diezmados por las enfermedades de los invasores: sífilis, lepra, viruela, sarampión, peste bubónica, tifus, escarlatina, difteria, varicela y fiebre amarilla y otras. Pero la más grave, salvaje y perversa ha sido la matanza realizada por los españoles.

 

Nuestros pueblos han sido  buenos, mansos, tímidos y apocados a lo largo de cinco siglos de persecución, sin el alivio de una victoria. Cazados como fieras sin derecho a radicarse en algún lugar. Los ilustres de origen desconocido que dicen “hicieron Chaco”, les piden virtudes de las que carecen siendo la “civilización” de la tortura y explotación.  Más de 500 años y el maltrato al aborigen continúan expresándose en procedimientos policiales feroces.

 

Fray Bartolomé de Las Casas, primer Obispo de Chiapas. Hizo suyo el sermón del dominico Fray Antonio de Montesinos: “Decid ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho detestables guerras a esta gente que estaban en sus tierras mansas y pacíficas…? ¿Cómo los tenéis tan presos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades de los excesivos trabajos que les dais, mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?.

 

Denunciaba Las Casas que para robar el oro, no respetaban niños ni mujeres preñadas, las desbarrigaban y las hacían pedazos. Arrancaban las criaturas de las tetas de las madres, tomándolas por las piernas y las azotaban contra las piedras. A los capturados vivos los colgaban sin tocar los pies la tierra y los quemaban vivos, a otros les liaban paja seca y le prendían fuego. Familias enteras ponían en una parrilla y las quemaban despacio dando alaridos. Utilizaron perros amaestrados que atacaban al indio y los comían como si fuera un chancho. Algunas pocas veces los indios mataron españoles, hicieron ley que por un cristiano había que matar cien indios.

 

El salvajismo contra 2,5 millones de indígenas reaparece en la Amazonia, lugar de dolor, violencia y crisis socio-ambiental por apropiación y privatización de bienes de la naturaleza y el agua

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