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«Desigualdades sociales en tiempos de pandemia» , por Rául Coronel

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La protección de los ecosistemas para las generaciones presentes futuras es el paradigma impuesto por los defensores del ambiente. Anticipar el futuro de un pueblo mediante el uso más eficiente de sus recursos tiene por  fin mejorar su calidad de vida y una adecuada articulación entre la sociedad y la naturaleza del territorio. Una planificación económica, ambiental y socialmente justa, constituye un instrumento apto para cambios profundos en nuestra particular relación con la naturaleza.

Un compromiso con las causas que aspiran a un ambiente sostenible y socialmente justo es necesario porque  la relación con la naturaleza se encuentra en crisis, se manifiesta con la contaminación generalizada, una acelerada desaparición de especies hasta el cambio climático. Se deben satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, generación que debe satisfacer las suyas para mantener su permanencia de manera equitativa, viable y vivible con bienestar social.

En un mundo globalizado y cada vez más rico y desigual, se necesita una justicia social para conseguir la convivencia pacífica con reparto equitativo de los bienes y servicios, acabar con la pobreza y la desigualdad  para el desarrollo de las personas. La pobreza, y la constante vulneración de sus derechos ponen en riesgo la convivencia social base del orden y la igualdad. La premisa está en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 para la exclusión y la desigualdad, da voz a los vulnerables con un marco normativo que garantice la equidad entre las personas.

Ha surgido en ese orden justiciable el concepto de “justicia climática” al observar que el cambio climático tiene una incidencia ambiental y social que no afecta a todos por igual, cayendo sus consecuencias con mayor intensidad en las comunidades pobres. Es una forma de la justicia ambiental, y no busca más que el trato justo de todas las personas y evitar las discriminaciones, con derecho vivir en un ambiente saludable y seguro, sin importar la raza, el origen étnico y el ingreso económico, con un hogar habitable y seguro con un sistema sanitario suficiente y efectivo.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Pontificia Universidad Católica Argentina puso a disposición «Desigualdades sociales en tiempos de pandemia», anunciando que el contexto actual de cuarentena sanitaria es dramático para muchas personas en situación de pobreza o vulnerabilidad, ya sea por la soledad o los peligros de una convivencia forzada, la falta de esos trabajos informales para el presupuesto familiar, como también la imposibilidad de contar con las condiciones que se suponen necesarias para cumplir con los cuidados sanitarios.

Antropología Rural Facultad Filosofía y Letras UBA eléboro un informe para la Comisión de Ciencias Sociales de la Unidad Coronavirus COVID19, MINCYT- CONICET y dice de los olvidados en la pandemia, advirtiendo sobre las condiciones que afrontan las comunidades originarias en la cuarentena. La falta de acceso al agua y alimentos, la discriminación, las distancias para llegar a comercios y hospitales las convierten en una población totalmente vulnerable, los desatendidos de siempre padecen además enfermedades preexistentes que las vuelven más vulnerables frente al virus.

En los últimos tiempos como consecuencia de la crisis económica, los niveles de pobreza alcanzaron los niveles más altos de la década. El impacto de la devaluación, la inflación y el estancamiento sobre los ingresos, más la incapacidad creciente de una parte de la sociedad para acceder a recursos y capacidades, claves en términos de desarrollo humano: alimentación, servicios de salud, un empleo digno y seguridad social, dan origen a las cifras oficiales de pobreza en Argentina. La actual emergencia sanitaria pone en estado de crisis agravada a un sistema socioeconómico desigual, estructuralmente empobrecido desde hace décadas.

Nuestros pueblos originarios a los efectos sanitarios y económicos regresivos que genera la pandemia se suman el hacinamiento, la degradación habitacional, la falta de servicios como agua, cloacas, etc., la mal nutrición, la insuficiencia de los servicios de educación y de salud. El Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales para un futuro inclusivo, sostenible y justo, hace lugar para incluir a los líderes de los pueblos indígenas en las entidades de emergencia y respuesta sanitaria, supervisando las respuestas a la pandemia en sus comunidades.

La ONU llamó a que los gobiernos tengan un cuidado especial con las comunidades originarias, que antes de la crisis ya carecían de acceso básico a la salud, al agua potable, alimentación adecuada y sin saneamiento básico. Líderes de la Iglesia Católica piden urgentemente a gobiernos que protejan a los pueblos indígenas y la Comisión Interamericana DDHH alerta sobre la especial vulnerabilidad de los pueblos indígenas frente a la pandemia, llamando a los Estados a tomar medidas acordes con su cultura y respeto a sus territorios.

En esta pandemia no estamos todos en el mismo barco, estamos en el mismo mar; unos en yate, otros en lancha, otros en salvavidas y otros nadando con todas sus fuerzas, son mis comunidades indias. “Am’ghiqaguia Juan Recio am’sabotec qalaxaye, na aro’onecpi sa reqat no’onah aguet, na arbopi Raúl Coronel am’sabotec, nalen”.  Hermano Juan Recio mis afectos, tus canciones quedaran en el pueblo, te quise de corazón, adiós.

 

    DR.RAUL OSVALDO CORONEL

      ABOGADO MAT.764 STJ CHACO

      ESPECIALISTA EN EVALUACIONES AMBIENTALES

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