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Chile: Tras la misa, el Papa se reunió con ocho representantes de la comunidad mapuche

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Después de celebrar misa en tierra mapuche, tal como se había anticipado, el Papa se trasladó a la Casa Madre de la Santa Cruz, un hogar de monjas de origen suizo de esta ciudad, donde almorzó con once habitantes de la Araucanía, la región más pobre y con más alto índice de desocupación de Chile, marcada por el conflicto con el reclamo indígena.

 

En el ingreso del recinto de esta casa de monjas estaba la machi (líder espiritual y curandera mapuche) Francisca Linconao, que está con arresto nocturno mientras espera un nuevo juicio por su eventual participación en el crimen del matrimonio Luchsinger Mackay en 2013 (fueron quemados vivos en su casa).

 

La machi pidió una reunión con Francisco, pero como no tuvo respuesta, se sentó en la calle a esperarlo antes del almuerzo.

 

«Para los mapuches no hay justicia, solamente para los que tienen plata y hacen lo que quieren con uno», reclamó molesta. Cuando pasó el papamóvil, Francisco ni siquiera vio que ella estaba ahí. Y Linconao se retiró indignada del lugar.

 

Entre los invitados al almuerzo con el papa argentino se encontraba el obispo de esta ciudad, monseñor Héctor Eduardo Vargas Bastidas, y ocho representantes mapuches: Sebastián Cayuleo, vocero de la comunidad de Boyeco (una comunidad que agrupa a varias familias y están dispersas en la Araucanía); Rubén Nahuelpán, buzo mariscador, de la comunidad de Nehuentúe; Teresa Hueche, de la comunidad de Maquehue; Jaqueline Huircán, de la comunidad de Nueva Imperial; Juan Pailahueque, pequeño agricultor en tierras dadas por el Estado como reparación, en un plan de devolución de tierras que no termina de satisfacer a los mapuches; la machi Silvia Llanquileo, figura religiosa y de salud ancestral de su comunidad pehuenche de Enoco; Rigoberto Queipul, segundo lonko (jefe de un lof, que agrupa a varias familias mapuche) y figura ancestral en su comunidad de Conoco, cultivador de hortalizas y frutales, y Patricia Panchillo, tejedora a telar y artesana de la comunidad de Cuyimko, también una figura central en la cosmovisión mapuche.

 

De los variados representantes del mundo indígena, ninguno pertenece a comunidades involucradas en ataques incendiarios a empresas forestales, de transporte y del sector energía, que son las que más quemas han sufrido desde que el asunto mapuche volvió a un punto crítico, hace diez años.

 

La selección tampoco incluyó a empresarios afectados o dirigentes gremiales, ni a representantes políticos o con alguna autoridad administrativa.

 

Junto a ellos, como para que el Papa pudiera interiorizarse y escuchar todas las campanas, estuvieron también en el almuerzo una víctima de la violencia rural, Jessica Bascur, de la provincia de Malleco (su madre sufrió un ataque en 2015 y fue amenazada de muerte); un colono, Alex Hund Diethelm, de una de las miles de familias suizo-alemanas que recibieron tierras a fines del siglo XIX para colonizar la zona, y finalmente Garbens Saint Fort, inmigrante reciente y parte de la gran oleada migratoria que ha llegado a Chile desde Haití.

 

El menú servido en el almuerzo fue generoso: consistió en pan toscano, ragú de champiñones, carpaccio de pulpo, limoneta, queso, grana padano, bruschettas, pinzas de jaiba con salsa golf, ossobuco cremolato con risotto azafrán, y verduras salteadas y leche asada, según se informó.

 

Antes de abandonar la casa de las hermanas de la Santa Cruz, congregación religiosa fundada en 1844 en Menzingen, Suiza, el Papa se reunió en la capilla del instituto con unas 40 monjas, algunos sacerdotes ancianos y superioras de congregaciones religiosas presentes en la diócesis. Al final del encuentro hubo un intercambio de regalos.

 

En otra jornada más que intensa, como preveía su agotadora agenda, Francisco volvió más tarde a abordar un Airbus de Latam para regresar a Santiago.

 

Allí lo esperaba una cita con jóvenes en el santuario de Maipú, lugar de culto histórico, en el sudeste de la capital, y otra, más tarde, en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

 

Fuente: La Nación

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