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Chaco: A Justa Ramona Fortini y a todas las agricultoras

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Negra tiene, todavía, el rocío sobre las ancas. Está acostada sobre el pasto seco y mira, con los ojos húmedos, una lejanía que vuelve en reflejos sobre sus lindos ojos oscuros. Yergue un poco las orejas… Una vibración siente apenas por toda su piel. Remolonea un poco. El rocío se aferra a su pelo retinto, pero ya está casi desmayado por los primeros reflejos del sol, un sol de caprichos y antojos ancestrales. Un juan chiviro canta casi hasta aturdirla, pero ella lo mira con indiferencia. Creía, el juan chiviro, que era su canto lo que la conmovía…

Ya había tomado los mates en la cocina modesta y aromada de campo y estrellas. Raspó por última vez con la bombilla, así como lo aprendió del abuelo gringo, y resonó el mate vacío con olor a yerba cansada de secretos de tierra y peregrinas ilusiones…

Entró en su cuarto. En el respaldo de una silla de paja estaban su camisa, su pantalón y el sombrero. Huelen a campo, a aromitos y chañares florecidos; tienen el sol impregnado en su urdimbre desteñida y prieta. Se acomodó las alpargatas y salió, decidida, por el camino de siempre.

Negra siente las vibraciones más cerca y más seguidas y se levanta, estira el cuello y la ve venir. Un relincho cortito y suave es el primer saludo. Ella le pasa la mano sobre el cuello y recorre todo su lomo manso y sereno. Espera, paciente, la pechera y los arneses de tiro. Ya sabe retroceder para acercarse al arado. Una vez listo, un tirón suave de las riendas y se ponen a caminar…

La cabecera de la chacra tiene pisaditas de perdices… Justa clava la reja del arado y Negra tira. La tierra se vuelca generosa a uno y otro costado. Un perfume de humedad se escapa por la abertura del surco recién labrado.

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¡Más despacio, Negra, Negrita hermosa! Y Negra voltea la cabeza para recibir los mimos de su dueña. Sabe que Justa la guiará con dulzura y, como ya conocen de memoria los trazos repetidamente trabajados, van y vienen arrastrando la faena cotidiana. Por los costados del montecito silban los cardenales y algún atrevido pico blanco se roba unas cerdas para su nido. Entre los hilos del alambrado se entretejen los tases y una flor de mburucuyá recuerda, silenciosa, nuestros rastros bíblicos.

Es la última vuelta. Negra deja de jadear y resopla. Sabe que le espera el descanso. Justa vuelve a casa. Mientras desanda el camino, piensa que pronto germinarán las semillas y que su sementera baja crecerá con magia de aire, viento y sol.

Agricultora… ¡Qué nombre más hermoso para muchas mujeres chaqueñas que siembran, cada mañana y en cada surco, el secreto de la magia natural! Hermanadas con la tierra, son las que marcan la renovación y la descendencia.

Justa vuelve a casa. Tiembla la pava sobre la llama y se renueva la yerba del mate… Otra vez, en cada sorbo, entrecierra los ojos imaginando los liños bien germinados y verdes…. Negra se acuesta y espera la fresca visita del rocío. Una luna casi perfecta espía el largo sueño de las dos… Negra duerme y Justa sueña con el sol cuajado en mandarinas o recordando los días en Japón, donde nació a su marido.

Agricultora, ¡benditas tus manos que labran y siembran en mágicos conjuros de lluvia, viento y sol!

(*) Licenciado, Coordinador de Cultura del Municipio de Quitilipi.

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