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Cambio Climático: Los efectos tienen en Argentina los incendios en Australia

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Lo sucedido en Australia encendió las alarmas domésticas y empujó a una pregunta. ¿Cuáles son los efectos del cambio climático y el calentamiento global en un país como Argentina? Los especialistas consultados por Página|12 consideran que la tendencia del calentamiento global se agudiza a partir de eventos de impacto global como los incendios en Australia, Amazonia y California, que al mismo tiempo son resultado de políticas negacionistas como las que llevan adelante Donald Trump y Jair Bolsonaro. También sostienen la necesidad de que las sociedades se comprometan en los cambios necesarios.

“Si solo nos ceñimos a la temperatura, podemos decir que en los últimos 60 años, la Patagonia experimentó un incremento del orden de un grado y el centro-norte del país de medio grado -explica Inés Camilloni, doctora por la Universidad de Buenos Aires en el área de Ciencias de la Atmósfera e Investigadora del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera-. En cuanto a lluvias, en el Litoral y la Pampa húmeda, aumentaron un 30%; situación que convirtió a esa porción del territorio, junto a algunos sectores de Brasil y parte de Uruguay, en una de las zonas donde más aumentaron las precipitaciones a nivel mundial. En Cuyo, por el contrario, disminuyeron. Las temperaturas más altas explican la retracción de la mayor parte de los glaciares de Argentina, salvo el Perito Moreno, y la disminución de los caudales de los ríos que provienen de agua de deshielos”.

“Lo que ocurre –continúa Camilloni– es que cambió la frecuencia de los eventos extremos. Las olas de calor se volvieron más asiduas, suelen durar más y alcanzan valores extremos; las lluvias se producen más espaciadas pero exhiben una intensidad creciente”, detalla Camilloni. Ello provoca un conflicto para ciudades como las argentinas con una densidad poblacional considerable, cuyas infraestructuras no están preparadas para soportar tanta cantidad de agua en tan poco tiempo. La Ciudad de Buenos Aires cuenta con la capacidad de evacuar agua en aquellos eventos en los que no llueve más de 30 milímetros en una hora. A partir de ahí, cuando se cruza esa franja, comienzan los problemas. “Desde los 60’s hasta la fecha se triplicó la ocurrencia de este tipo de eventos. Ello implica la necesidad urgente de mejoras en la infraestructura y la transformación de los sistemas de desagüe”, advierte.

Para colmo, llegó el verano y las olas de calor se hacen sentir. Hace seis años hubo una que, según Carolina Vera, doctora con orientación en Ciencias de la Atmósfera, especialista internacional en el estudio de Cambio Climático, quedó en el recuerdo. Al menos se estacionó en la memoria de los científicos que la estudiaron en detalle. “En diciembre de 2013, por ejemplo, vivimos una experiencia muy impactante en la que tuvimos 18 días con temperaturas altísimas. Fue cuando colapsó el sistema de electricidad en Buenos Aires. La tendencia a una mayor aridez combinado con el cambio en el uso de la tierra favorece las condiciones para la emergencia de fenómenos dramáticos, como pueden ser los incendios”. Y completa: “No solo se incendia el Amazonas o Australia, sino también ocurre en vastas regiones de nuestro país, desde Buenos Aires, pasando por Córdoba o La Pampa”, plantea Vera que, además, actualmente se encuentra a cargo de la Unidad de Gabinete del flamante Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación.

El conflicto que ocasiona el deterioro del ambiente fue reconocido por los referentes de la mayor parte de las naciones que habitan el globo. Para sortear tal escenario, los países consensuan estrategias a dos niveles: global y local. No obstante, a pesar del diagnóstico, las cosas no marchan del todo bien. Los actores más poderosos son los que más gases de efecto invernadero emiten y, paradójicamente, invierten migajas en la reversión del problema. Temen, a veces de manera tácita y otras lo expresan a viva voz, que sus economías –basadas en matrices energéticas alimentadas a partir de combustibles fósiles– se desplomen. En efecto, los compromisos discursivos se materializan en instrumentos y declaraciones que rara vez se traducen en acciones concretas.

El último gran antecedente de consenso para la acción estuvo plasmado en la Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, de la que Vera fue promotora. Junto a otros expertos del ámbito se embarcaron en un ambicioso proyecto que procuraba analizar las señales de variación de cambio climático en el país desde 1960 hasta el 2010. Realizaron mediciones, de acuerdo a proyecciones sobre las emisiones de gases a futuro, y examinaron cuánto aumentaría la temperatura y cómo se robustecería el proceso de calentamiento global. Como resultado pudieron comprobar que, a fines de siglo XXI y en un escenario de grandes emisiones, una de las zonas del planeta con los aumentos más significativos de temperatura sería el noroeste argentino. Esta región, según las conclusiones proyectadas, registrará un incremento que oscilará entre los 3 y 4 grados.

El calentamiento global es uno de los tantos modos en que se expresa el Cambio Climático. Los seres humanos son los responsables de encender la hornalla que calienta más y más el ambiente, una olla que se presta a hervir en un futuro cada vez más cercano. Aunque los gases se emitan en China, en Estados Unidos o Europa Occidental (entre los tres explican la mitad de las emisiones totales), la atmósfera los difunde en el término de semanas por todo el planeta. Lo que contamina un país afecta a todos. El Cambio Climático, a su vez, es un proceso de variación significativa del clima, calculada durante un largo período de tiempo. Sin embargo, no siempre pudo medirse. Recién hacia finales del siglo XIX los expertos consiguieron diseñar instrumentos de medición confiables con el propósito de evaluar la transformación que percibían pero no podían documentar con precisión.

En la actualidad, las variaciones en el clima y los efectos del calentamiento global se exploran a partir de las observaciones y el examen de datos. Las temperaturas pero también la lluvia, la velocidad del viento, la nubosidad y la presión evolucionaron a través del tiempo. “Trabajamos con bases de datos de observaciones para la detección del cambio climático. Se trata de identificar cómo se modificó el clima a lo largo del tiempo en un lugar y una región determinada. Recurrimos a datos provistos por el Servicio Meteorológico, a información satelital y a una combinación robusta de fuentes para saber qué es lo que ocurre. Cuando buscamos trazar proyecciones, trabajamos con simulaciones que nos permiten pensar cómo podría ser la actividad del ser humano en el futuro, su emisión de dióxido de carbono, su participación en actividades como la deforestación y los cambios del suelo”, relata Camilloni.

Fuente: Pagina 12

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