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Abuso sexual contra niños: se detectan 5 casos por día pero es el delito que menos se denuncia

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La práctica volvió a estar bajo debate por el escándalo de la pensión de Independiente.

El abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes es una de las peores formas de violencia contra la niñez y la adolescencia. A pesar de ser un problema que crece en el mundo, la mayoría de los casos no son detectados ni denunciados. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres y uno de cada trece varones han sufrido abusos sexuales en la infancia. En Argentina, las estadísticas del Ministerio de Justicia muestran que en los últimos quince meses hubo 2.094 niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual. Los especialistas aseguran que esos números representan una ínfima parte de lo que sucede en la realidad.
La violencia sexual tiene muchas formas: la violación, el tocamiento, el acoso, el exhibicionismo, la explotación, el grooming, la pornografía forzada, las amenazas, la explotación, la facilitación a la corrupción. Hace dos semanas que el país se indigna por los abusos de chicos en Independiente y River. Y a medida que pasan los días las denuncias aumentan. En el club de Avellaneda se confirmaron nueve chicos de las inferiores abusados por los que hay cinco hombres detenidos. En el club de Núñez serían dos varones de fútbol y dos chicas de voley. Se habla de explotación sexual, de corrupción de menores, de facilitación para la prostitución.
Lo cierto es que la mayor cantidad de abusos contra los niños y niñas ocurre en la propia casa: siete de cada diez abusadores son los padres, los padrastros, los tíos y los abuelos.

“El abuso es una de las formas más tremendas de violencia hacia la infancia, pero los chicos tienen miedo de hablar porque son niños, porque se los juzga, por temor a las represalias, porque sienten culpa y vergüenza”, dice María Angeles Misuraca, oficial de Protección y Acceso a la Justicia de Unicef.

“Cada vez recibimos más llamados, pero sigue siendo una porción milimétrica de lo que pasa. Hay miles y miles de casos silenciados por complicidad familiar, vergüenza y culpa”, explica Eva Giberti, del Programa Las Víctimas Contra las Violencias del Ministerio de Justicia. Ante un llamado al 0-800-222-1717, especialistas asesoran y ponen en contacto con organismos de niñez locales.

“Estos delitos son una cifra negra, y al no haber cifras se invisibiliza el tema. Simbólicamente, es de lo que la sociedad no quiere hacerse cargo -opina la abogada Norma Chiapparrone, consejera de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas-. De los pocos casos que son denunciados, un pocentaje mínimo tiene proceso judicial y llega a una sentencia. Salvo casos excepcionales, no hay condenas para los abusadores. La Justicia conservadora, machista y sin perspectiva de género no toma en cuenta las violencias que hay contra los niños y las niñas. Sigue operando un manto de oscuridad cómplice que convalida el altísimo grado de impunidad que hay en los abusos contra la infancia”.
“No hay denuncias por la máxima asimetría del crimen en sí: la víctima es un niño enfrentado a alguien con un poder extraordinario sobre él, como puede ser su padre o su maestro. Por eso la cifra negra es tan negra, por eso la imposibilidad de la denuncia -asegura Carlos Rozanski, ex juez y miembro Fundador de la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infanto Juvenil-. Antes se decía que los chicos mentían. Cuando ese argumento ya no sirvió porque la psicología demostró que no era así, se empezó a desacreditar a las madres que acompañaban a sus hijos en las denuncias. Las madres protectoras son desactivadas sistemáticamente y de las maneras más burdas por un sistema judicial penosamente machista y corporativo”.

Rozanski habla del Síndrome de Alienación Parental (SAP), un instrumento que usan los padres acusados de abuso para desprestigiar a las madres. Según Richard Gardner (un psicoanalista estadounidense que se suicidó), estas madres les “lavan la cabeza” a los chicos para que inventen los abusos. Este síndrome no es reconocido en ningún manual de enfermedades mentales del mundo.

“El SAP es una vergüenza tanto en el ámbito de la psicología como de la justicia. Los chicos no mienten, sus dibujos son clarísimos. Y las madres que los acompañan para denunciar son tratadas de locas, de mentirosas”, se indigna Giberti.
“Los delitos sexuales tienen pocas sentencias porque hay pocas denuncias. Es un tema donde el subregistro es enorme porque la mayoría de los abusos son intrafamiliares. Para una nena abusada por su padre, que tal vez la llena de regalos y la trata de princesa, es una situación ambivalente, porque es difícil que deje de quererlo. Después puede ser que este padre, para conseguir su silencio, pase a la etapa de las amenazas, que si habla va a matar a la mamá”, explica Marcela Rodríguez, del Programa de Asesoramiento y Patrocinio para las Víctimas del Delito de Trata de Personas de la Defensoría General de la Nación.
“El incesto es el abuso que más graves consecuencias provoca. Y cuanta mayor cercanía emocional hay entre la víctima y el abusador, más devastador. En los varones incluso es más difícil porque pueden creer que su hombría quedó afectada o que van a ser futuros abusadores”, dice Rodríguez, y asegura que el abuso sexual en la infancia funciona como “campo de reclutamiento para la trata de personas, porque las víctimas más vulnerables para captar son las que ya han sido abusadas, victimizadas. La gran mayoría de las víctimas de trata fueron abusadas en la infancia”.
Hoy, si alguien se entera que un niño, niña o adolescente fue abusado, puede hacer la denuncia, pero si no es ratificada por los padres o tutores la causa se archiva y el Estado se desentiende. Suena ilógico si se sabe que la mayoría de los abusadores son sus propios padres. Diputados aprobó el año pasado un proyecto para modificar el Código Penal para que estos delitos pasen a ser de instancia pública. Ahora falta que se trate en el Senado.

“Es muy importante que este delito sea de instancia pública para que el Estado pueda intervenir y garantizar los derechos de los niños. Es una manera de darle más herramientas a la Justicia. Hay pocas denuncias y de las que hay, se estima que sólo una de cada diez avanza en la Justicia -explica Hernán Monath, especialista en Protección de derechos de Unicef-. Los profesionales de la salud, de la educación, todos tienen que poder hablar para que se inicie una investigación judicial. Los casos del fútbol nos muestran que los varones también pueden ser víctimas, que es necesario protegerlos, que las instituciones son responsables y que los organismos de niñez tienen la obligación de garantizar sus derechos. En Argentina tenemos la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes. Hay que aplicarla”.

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