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Una misionera produce prendas biodegrabales a partir de yerba mate y bacterias

La doctora en biología Verónica Bergottini, irrumpió en la industria de la moda con prendas y apliques diseñados con “nanocelulosa” que produce a partir de bacterias en polvo y palos de yerba mate.

 

“Lo que básicamente hice fue estudiar lo que se está haciendo en otros países con la biofabricación. Así empecé a trabajar, y llegue a la “nanocelulosas”. En Misiones conocemos a las celulosas de origen forestal, pero lo cierto es que también se puede producir en laboratorio, con origen bacteriano. Así empecé hacer ensayos con residuos del agro, y llegué a la yerba mate que resultó ser perfecta. Con el primer material confeccionamos accesorios, que se vieron luego en un primer desfile en Buenos Aires”, contó la misionera Verónica Bergottini en Frontera Jesuita.

 

A la nanocelulosa cultivada en mate lleva el nombre Tilex: Tela de Ilex en referencia al nombre científico de la yerba mate: Ilex paraguariensis.

 

 

Un cambio de paradigma. En la industria de la moda los materiales no se biodegradan o tardan en hacerlo. Es por eso que a nivel mundial se está estudiando elaborar materiales “compostables” o “biodegradables”, y en esto se está usando la biología como el motor del cambio. Se investiga cómo las bacterias o los hongos pueden generar un material, que luego se utilice, por ejemplo en la creación de prendas o accesorios. Esta tendencia es la “biofabricación”.

 

“Comenzamos con la moda porque vimos que de todas las industrias era la que demandaba mayor circularidad, con nuevos materiales y allí encontramos un nicho”, explicó la científica quien agregó: “confeccionamos prendas de lino, que son biodegradables con apliques de esta nanocelulosa de yerba mate, alguna de estas creaciones estamos mostrando de a poco. Ya tenemos algunos broches y apliques a la venta, bajo la marca Karu”.

 

Los beneficios que tiene este material son varios: es biodegradable y compostable, se cultiva lo que se necesita (a medida), puede teñirse, requiere poco insumos, y puede cultivarse utilizando residuos del agro. Esto último presenta la gran ventaja de poder diseñar un proceso productivo alineado al modelo de la economía circular.

 

“El nicho que apuntamos es del lujo sustentable, porque nadie lo hizo hasta ahora en la Argentina, no es masivo y es un producto producido de manera consciente y sustentable, está pensado para un público muy acotado”, comentó en Frontera Jesuita.

 

“Son productos no resistentes al agua y tiene un ciclo de vida de mínimo un año”, contó Bergonttini

 

Etapa de prototipo. “El material tiene un ciclo de vida, dura mínimo 1 año si está tratado de manera piadosa, el único punto es que no se puede lavar porque no es resistente al agua. Para nosotros esto no es negativo, están pensando para cumplir un ciclo, no son para toda la vida pero sí biodegradables. Cuando el usuario no lo quiere más lo desecha, en el jardín o con materia orgánica pueda ser compostables”, aseveró la emprendedora en Frontera Jesuita

 

Según Bergottini la nanocelulasa que tiene aplicaciones también en la medicina y en la cosmética. “No queremos quedarnos solo con la moda, solo es nuestro punto de partida. Empecé hacer los primeros ensayos en casa y en menos de un año logramos interés de las universidades y empresarios. Como misionera creí que la yerba mate debía estar presente”, destacó la doctora en biología.

 

Bergottini es consumidora de la Infusión Nacional e investigó (durante su doctorado) cómo las bacterias de las raíces de la yerba podían mejorar su crecimiento, en el 2010 en la Universidad Nacional de Misiones. Ya en Suiza en la Universidad de Neuchatel siguió investigando un potencial inoculante para la yerba mate. De regreso a la Argentina exploró en la biofabricación de materiales de origen microbiano, descubriendo así que la nanocelulosa bacteriana puede cultivarse muy bien en un extracto de yerba mate. “Pase de estudiar bacterias en las raíces de la yerba a cultivar bacterias en mate para producir biomateriales. En ambos casos la sustentabilidad es el principal motor”, contó.

 

Por Eliana Benay, periodista

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