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Pedro García: “Ética pública”, una necesidad para los servidores estatales

Este tema es abordado y desarrollado por diversos autores, cada uno de ellos refleja su visión con la idea, de aportar a la toma de conciencia, de un cambio de paradigma en referencia a este tema, que cada vez más preocupa a los ciudadanos. La ética pública tiene como eje central alcanzar que los hombres o mujeres que ocupen un cargo público lo hagan con honradez y honestidad, como resultado de la razón, la conciencia, la madurez, cordura y la responsabilidad, el sentido del deber.

 

Un acogimiento verdadero de la ética exige un profundo cambio de concepción, de actitud, de mentalidad, que logre impedir pensamientos corruptos. El objetivo material de la ética en el ámbito público se la integridad moral de su actuación. La ética busca cultivar la inteligencia en valores, los cuales en la actualidad se están se están perdiendo, y moderar el carácter de los que tienen responsabilidades en el gobierno, si bien esto es importante en cualquier orden, lo es más en la política y la administración pública, porque ambas son responsables de conducir los programas de un Estado.

 

Aunque parezca una verdad es conveniente afirmar, una y otra vez, la necesidad de la ética en los servidores públicos, precisamente su ausencia es la que provoca que muchos de ellos, en diferentes ámbitos públicos, caigan y sigan cayendo en escándalos de corrupción. Personas sin escrúpulos ocupan cargos importantes del estado cobijándose además en la imagen de ser hombres respetables u honorables. Para abordar relación entre la ética y la política es necesario partir del origen del mismo, de los fundamentos originales entre ambas disciplinas. Ya en las antiguas civilizaciones se encuentran referencias sobre la formación de valores para los que aspiran a gobernar antes de que asumieran su cargo.

 

De esta manera ejercitarían la política, contando con principios éticos que respaldarían cada una de sus decisiones y actos de gobiernos, la herramienta fundamental desde años atrás para formar a los hombres de gobierno era la Ética. En la antigüedad aquel que quería participar en los proyectos públicos tenía que pasar por esta disciplina, la cual era considerada como una rama de la política. Era el filtro para hacer que los hombres que llegaran a ocupar los cargos públicos obraran bien.

 

De hecho, las grandes civilizaciones ya contaban con tratados sobre el tema, con códigos para la función pública y con maestros que la impartían. Las antiguas culturas nos dejaron testimonios muy valiosos en esta materia. De esta manera quien ocupaba un cargo lo honraba.

 

Desde entonces se advertía sobre los riesgos y consecuencias de dejar que personas sin ética gobernaran. “Incitados por el placer y al no ser capaces de dominar sus impulsos los gobernantes obran mal” escribió Aristóteles. De ahí la importancia de quienes asuman cargos públicos controle estrictamente sus acciones a fin de actuar correctamente en todo acto que realicen.

 

En caso contrario contribuyen a provocar la caída de un gobierno. Cuando Aristóteles construyo su obra política partió del entorno que rodea al hombre. Así estudio primero la naturaleza mineral, posteriormente la vegetal y animal para finalmente llegar a la naturaleza humana. Y sostuvo que solo en la medida en que se conoce sus vicios y virtudes, se puede aspirar a la política. Este autor fue el primero en elaborar una obra escrita sobre ética en la cual señala la relación intrínseca que existe entre ética y política.

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