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De México a Argentina: mitos, verdades y picardías del fútbol en el continente americano

Infobae Cultura dialogó con Pablo Alabarces, autor de “Historia mínima del fútbol en América Latina”, un recorrido por lo orígenes, la popularización y la actualidad del deporte rey. “Hoy es la mercancía más valiosa de la cultura de masas global”, dijo

 

Los inicios de la historia del fútbol, tal como la conocemos, ¿está basada en hechos reales o en mitos?, ¿cuánto de verdad hay en los relatos que se repiten casi como si fueran sagrados?, ¿existe la “Garra Charrúa”?, ¿hubo una manera argentina de jugar?, ¿fue Santiago siempre la ciudad más futbolera de Chile?

Para responder a esas y otras preguntas, el argentino Pablo Alabarces, autor de Historia mínima del fútbol en América Latina (Turner), recibió a Infobae Cultura en su estudio del barrio porteño de Flores.

Alabarces, escritor y licenciado en Letras, es un especialista en el universo de la pelota y sus circunstancias, con varias publicaciones en su haber, como Cuestión de pelotas. Fútbol, deporte, sociedad, cultura (1996); Deporte y Sociedad (1998); Peligro de gol. Estudios sobre deporte y sociedad en América Latina (2000); Fútbol y Patria. El fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina (2002); Futbologías. Fútbol, identidad y violencia en América Latina (2003); Crónicas del aguante. Fútbol, violencia y política (2004)Hinchadas (2005) y Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios (2014).

Historia mínima del fútbol en América Latina (Turner), de Pablo Alabarces
Historia mínima del fútbol en América Latina (Turner), de Pablo Alabarces

 

Sin embargo, éste, Historia mínima, tiene una gran particularidad con respecto a sus publicaciones anteriores, como así también con el resto de las obras referidas al tema, ya que es la primera vez que se realiza “una histora de fútbol en todo el continente”, con sus “coincidencias y divergencias”.

Existe una gran coincidencia en toda la región, alineada dentro de un relato de construcción: de los marineros que bajaban de los barcos para jugar frente a la sorpresa de los locales, el puerto como unión de “dos mundos”, una cuestión casi romántica que está relacionada con el desarrollo industrial.

-Básicamente es la inserción en el capitalismo occidental a partir de finales del siglo XIX. Cómo se integra cada país, cada economía y cada sociedad al capitalismo occidental define un modo de organización del fútbol y eso implica más o menos rapidez en la construcción. En algunos casos también está la diferencia entre béisbol y fútbol, que tiene que ver con esa integración. Por ejemplo, a mayor peso norteamericano, mayor presencia del fútbol, cosa clarísima en Panamá y Nicaragua. Hay excepciones, como el caso cubano, en que el béisbol se inventa como anti imperialista, porque ahí el imperio era España. Pero después de la Primera Guerra y, mucho más, después de la Segunda, las lógicas son mucho más autónomas, porque ya el invento está construido.

La Buenos Aires English High School, cuna del fútbol porteño, y su fundador, Alexander Watson Hutton, al rededor de quien se han creado más mitos que realidades
La Buenos Aires English High School, cuna del fútbol porteño, y su fundador, Alexander Watson Hutton, al rededor de quien se han creado más mitos que realidades

 

Es, en sus inicios, una disciplina netamente de las élites…

-Sí. Hay dos cosas muy llamativas. Una es que en todos los casos se trata de una práctica de élites que se populariza, no hay excepciones. Podés diferir al respecto en cómo son estas élites. Mientras que otro tema decisivo es cómo se populariza. Según la sociedad pasa a cobrar mayor o menor peso la cuestión de los afrodescendendientes, porque los negros son siempre los pobres. Y entonces ahí depende mucho de qué tipo de sociedad se trate. Los casos más llamativos son Brasil y Perú y, en menor medida, los países de centroamérica, como Honduras.

Pero Brasil tuvo ya en la década del ’10 a Arthur Friedenreich, mulato de padre alemán y madre brasileña, autor de más de 1,300 goles incomprobables.

-Sí, Friedenreich era un “negro alemán de ojos verdes”, que cuando jugaban blancos contra negros, lo hacía para los blancos. En Brasil hay que esperar hasta los años 30 para que esa integración empiece a ser más consistente, en Uruguay en cambio esa integración ya está concluida para 1916.

Arthur Friedenreich
Arthur Friedenreich

 

Uruguay tuvo en ese sentido un desarrollo diferente al resto del continente.

-Sí. La anomalía uruguaya, la Suiza de América, que tenía una sociedad mucho más integrada que el resto del continente, con una especie de estado de bienestar ya en los años 30, con la primera jornada laboral de 8 hs del continente. Esto permitió un proceso de popularización muy acelerado y la integración de los afrodescendientes de manera menos traumática. Las historias brasileñas y peruanas abundan en casos de racismos, puestos de manifiesto en el fútbol, mientras que en Uruguay es como el que el racismo existía, pero no aparece como un obstáculo.

¿Cuál fue el espacio para los descendiente de pueblos originarios?

-Los descendientes fueron un componente demográfico muy importante en ciertas sociedades, sobre todo en México y Perú. Sin embargo, en Perú recién aparecen en los años 60 y en México nunca aparecen destacados; es más, se construyó una historia del fútbol de jugadores blancos. Están los “Prietitos” con el Atlante, el primer gran equipo popular, pero no se los señala como indígenas, sino como pobres.

Lo¨”Prietitos” del Atalante

Lo¨”Prietitos” del Atalante

 

– En los 20 ya se da una narrativa de la diferenciación a través de los medios, que devino en la creación de la “Garra Charrúa” en Uruguay y “La nuestra”, en Argentina, dos conceptos que, con mayor o menor fuerza, persisten.

-Cuando se investiga la historia queda claro que “La nuestra” tiene un problema, porque Uruguay fue más exitoso, ellos tienen el primer gran éxito internacional. Entonces se tiene que hacer un esfuerzo de inventar el fútbol rioplatense, el “estilo criollo”. Los uruguayos desarrollan una cosa similar, pero le agregan “la Garra Charrúa”, una invocación étnica absolutamente falaz. Cuando esto se inventa, entre las décadas del 10 y el 30, estalla el éxito mundial del fútbol rioplatense, que no es Argentina y Uruguay, sino Buenos Aires y Montevideo, que son ciudades muy parecidas, con el peso particular de las poblaciones afrodescendientes en Montevideo, que no ocurre en la Bs As. Hasta ese momentos son dos fútboles que dialogan muchísimo.

Pero a su manera “La nuestra”, término utilizado por el uruguayo Eduardo Lorenzo “Borocotó”, subsiste.

-Esa invención ‘Borocoteana’ es uno de los más exitosos relatos de identidad que ha tenido la Argentina, va de la mano junto al ‘gaucho patriota’ y al ‘crisol de razas’. Diría más, el crisol de razas es la ideología sobre la cual se basa la invención de ‘La nuestra’, un ‘acá se mezcla todo y sale algo nuevo y original y no nos importa de dónde viene’. Es exitosísima, hoy está bastante aletargada, el fundamentalismo ya bajó mucho.

¿Considerás que se mantiene en el espíritu? Ahora Argentina no es diferente por su juego, sino como “productora de jugadores diferentes”, el orgullo por lo diferencial se trasladó a una cuestión más exportadora.

-Si, claro. La cuestión exportadora es clave. El primer jugador latinoamericano exportado es un rosarino, Julio Libonatti en 1925. Y cuando en los 30 se desata una fiebre migratoria importante son argentinos fundamentalmente y, en menor medida, uruguayos y brasileros. ¿Las razones? Las desconozco. Eduardo Archetti decía que, en ese momento, Argentina era exportadora fundamentalmente de “ganado en pie: vacas, jugadores de fútbol y bailarines de tango”. Es cierto que se construye en torno de eso un relato de excepcionalidad muy grande: tenemos los mejores bailarines, lo mejores jugadores de fútbol y la mejor carne. Sobre esa excepcionalidad el problema es que es un mito y como todo mito tiene algo en que basarse, produce prácticas que ayudan a ordenar y conducir, pero poseen una dosis de falsedad enorme. Uno de los problemas del fútbol argentino es que nunca supo autocriticar su mito, es como que hoy vive de rentas y eso lo acabamos de ver en acción en el Mundial de Rusia.

El centralismo por sobre el federalismo que se dio en la historia Argentina también puede verse en el fútbol, ¿sucedió en otros países de la región?

-El centralismo reaparece en buena parte de América latina. Sucede en Buenos Aires, como en Montevideo, en Lima (Perú), en México hasta los años 40 y en Chile, que tiene una cosa hasta divertida, que fue la oposición entre una burguesía mucho más ligada al británico y otra, a lo criollo, en la división Valparaíso-Santiago. Es un caso bastante insólito porque la ciudad capital no es el puerto y entonces el puerto tiene autonomía, pero Santiago finalmente termina quedándose con el monopolio del fútbol. Es distinto en Brasil porque está organizado de manera diferente: Río fue capital del Imperio, Bahía fue un eje de poder, San Pablo se transforma en el eje económico a fines del siglo XIX. Aunque el predominio del polo paulista-carioca es muy potente.

Fútbol o la máquina de inventar mitos

Fútbol o la máquina de inventar mitos

 

No hay excepciones.

Sí las hay. La gran excepción a ese mapa centralista es Colombia, porque geográficamente es muy diferente. Es un caso fascinante lo que sucede entre el Atlántico, el Pacífico, las sierras y los Andes. Se integra a través del deporte. Jesús Martín Barbero decía que a Colombia lo había integrado el cine y la radio. Yo le agregaría un plus, que se integra con la radio transmitiendo los partidos de fútbol y las carreras de ciclismo, todas cosas que suceden en los 40. El otro caso es Ecuador, que está partido en dos por lo Andes.

-¿Cómo fue la integración del interior argentino al centralismo porteño?

-En Argentina es más extraño por las extensiones. Un país gigantesco que tiene dos grandes ciudades en su territorio, pero que solo integra una. Rosario, en los años 30 -teniendo la salvedad de que tuvo el primer club exclusivamente de fútbol del país- y sin embargo hay que esperar tres décadas para que se una y Córdoba recién lo hace en los 80. Eso demuestra la correlación con los datos económicas, políticos culturas, muy notorio.Las ligas del interior se fundan muy tempranamente, pero la AFA no les da importancia hasta muy entrado el siglo XX. El fútbol era una cuestión estrictamente metropolitana y las ligas del interior no tienen poder político para disputar esto. Pensemos que el Torneo Nacional se inventa en 1967, casi 70 años de fútbol y recién en ese momento se incorporan los equipos del interior, es muy llamativo.

Otra cuestión idiosincrática es la de la picardía. En un momento, el deporte se convierte en eso que los ingleses dicen: “Un deporte de caballeros, jugados por hooligans, al contrario del rugby, que es un deporte de hooligans, jugados por caballeros”.

-El proceso de popularización implica el cambio del gentleman al pícaro. El fair play es el respeto por la regla y el adversario. Lo que cambia es que aparece el ‘hay que ganar a toda costa’, que puede implicar tanto violar la regla con picardía como pelearse con el adversario si es necesario. Hay testimonios de época en todo los países que dicen que ya no es más ese deporte británico.

-¿Cuándo se produce el cambio?

-En Brasil de finales de los años 20, por ejemplo, ya aparece esta cuestión de los desórdenes en los estadios. La final del ’24 (NdR: de los Juegos Olímpico de París, que enfrentó al campeón Uruguay con Suiza), se tiene que jugar dos veces, porque hay invasión de cancha y a partir de allí aparece el alambrado, que por eso se llama olímpico. La cobertura de La Nación de ese partido es una pelea de salvajes y explícitamente dice ‘dónde quedó la caballerosidad’. Una especie de lamento final sobre un fútbol que vivió un proceso de transformación y perdió sus viejos valores. De ahí en más, las patadas son el régimen dominante, defender el orgullo nacional. El primer muerto registrado por violencia es en un Argentina-Uruguay de principios de los años 20.

Selección de Uruguay de 1924, campeones olímpicos en París

Selección de Uruguay de 1924, campeones olímpicos en París

¿Qué es el fútbol hoy?

-El cambio más notorio me lo dicen los colegas brasileños, que dicen que ‘o pais de futebol’, ya no lo es. No es más ese deporte que cuando jugaba la selección suspendía la vida cotidiana. Hoy es la mercancía más valiosa de la cultura de masas global. Todo el desarrollo contemporáneo del fútbol apunta a globalizarlo cada vez mejor como mercancía cada vez más perfecta. No importan tanto ya las narrativas heroicas locales, sino vender estrellas globales. En un Maradona esa historia local del héroe nacional, popular y plebeyo podía ser relativamente exitosa, por ejemplo, en sociedades como la italiana del sur o las ex colonias británicas que lo apropiaron como símbolo antiimperialista, pero hoy lo que la cultura de masa busca son estrellas globales: buenos sujetos, grandes jugadores, de los que se les pueda vender camisetas a los chinos, los cataríes o los peruanos. En ese contexto, las selecciones pierden peso.

Pierden peso, pero el Mundial sigue siendo un evento exitoso.

-Es una ficción eficaz. El Mundial es una máquina perfecta de producir y vender ficciones. La fundamental es que esos 11 tipos son una nación. Sin embargo, los futboleros siguen siendo tribales, locales, la cuestión del territorio pequeño. El hinchas del Real Madrid, de Boca, del Barcelona o del Bayen Munich siguen siendo hinchas de sus clubes y sus selecciones son agregados ocasionales cada cuatro años, que depende mucho además del éxito.

Fútbol, un negocio redondo

Fútbol, un negocio redondo

 

Esa globalización generó un fenómeno muy extraño: la dualidad de clubes. Ser seguidor de un equipo local y otro internacional.

-Totalmente. Aquellos que estamos fuera de Europa tendemos a tener este juego de identidades múltiples, porque somos consumidores periféricos, de segunda, de ese festín global. Recuerdo en Cali, que Barcelona jugaba semifinales de Champions y en el shopping no se movía un alma porque estaban todos mirando el partido.

¿Y cuál es el espacio para el fútbol femenino en todo esto?

-Estamos en un momento de cambio. El fútbol femenino tiene una historia particular que se ocultó y negó sistemáticamente y de golpe de la mano de los movimientos feministas está apareciendo en escena. No sé en qué dirección irá. Si va a continuar con incorporar espectadores femeninos a un juego masculino o si el crecimiento de la práctica femenina va a tender a autonomizarlo. En el mundo civilizado se han dado las dos cosas, aunque en todo el planeta la queja es similar: ganan más los hombres que las mujeres. También es común en todas las sociedades de que no se producen relatos nacionales sobre deportistas mujeres.

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