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Chile: Los ataques a parroquias enrarecen el clima a días de la visita del Papa

Tres templos católicos sufrieron daños por la explosión de bombas caseras y en otros dos hallaron explosivos; encontraron panfletos con amenazas al Pontífice.

 

El ataque a cinco parroquias en Santiago cuando faltan solo 72 horas para la llegada del Papa a Chile activó antes de tiempo todos los protocolos de seguridad y despertó preocupación en las autoridades. Entre la medianoche y las 4 de la madrugada (hora local) de ayer estallaron tres bombas caseras en distintas iglesias de la capital, mientras que otros dos dispositivos no alcanzaron a ser activados.

 

 

La coordinación de los ataques y los panfletos encontrados en los templos -con amenazas de que las próximas bombas serán “en la sotana” de Francisco- obligaron a la presidenta Michelle Bachelet a pedir respeto durante la gira papal, que empezará pasado mañana. En los hechos de violencia, que no se atribuyó ningún grupo, no hubo heridos ni detenidos.

 

Uno de los ataques fue en la comuna Estación Central, en la parroquia Santa Isabel de Hungría. En el frente incendiado había un panfleto amenazante con Jorge Bergoglio: “No nos someteremos jamás al dominio que quieren ejercer sobre nuestros cuerpos, nuestras ideas y actos, porque nacimos libres de decidir el camino que queramos tomar. Contra todo religioso y predicador (…) Atacaremos con el fuego del combate haciendo explotar su asquerosa moral. ¡Libertad a todos los presos políticos del mundo! ¡Wallmapu libre! Autonomía y resistencia. Francisco, ¡las próximas bombas serán en tu sotana!”.

 

 

Carabineros de Chile, la Fiscalía Metropolitana Sur y la policía civil (PDI) encontraron similitudes entre los artefactos detonados, “pero no necesariamente indican que son hechos relacionados”, aclaró el gobierno, que anunció una querella por los ataques. Según la Fiscalía, el sistema explosivo estaba compuesto por un matafuegos con pólvora, un sistema de relojería y un envase con líquido acelerante. Sospechan además de la rearticulación del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL), un grupo subversivo que actuó en los años 80 contra la dictadura de Augusto Pinochet.

 

El cardenal Ricardo Ezzati, jefe de la Iglesia en Chile, visitó una de las parroquias atacadas y dijo que lo habían llamado del Vaticano para consultarle por la situación. “Son grupos pequeños que tienen la posibilidad de manifestarse”, contestó.

 

 

Antes de la reunión de coordinación por la seguridad, Bachelet dijo que los ataques le parecían extraños. “No es algo que uno pueda identificar como un grupo específico”, dijo. Sin embargo, al finalizar el comité, cambió el foco de su discurso y explicó que tomaron todas las medidas para garantizar el resguardo del orden y de la seguridad. “Vivamos esta visita en un clima de respeto, de solidaridad y de alegría entre nosotros”, dijo.

 

El presidente electo Sebastián Piñera, que asumirá en marzo y estará en la cita con el Papa en la sede del gobierno el martes próximo, condenó los actos: “El odio y la intolerancia no pueden primar por sobre el respeto y el Estado de Derecho. Recibamos a Francisco con alegría y en paz”.

 

El Arzobispado de Santiago también emitió un comunicado: “Nos duelen profundamente estos hechos que contradicen el espíritu de paz que anima la visita del Papa (…) No representan en absoluto el sentir de la inmensa mayoría de la población”. Luego, la Conferencia Episcopal, organizadora de la visita, envió “cariño” a las comunidades afectadas.

 

Raúl Guzmán, fiscal metropolitano sur, rotuló los atentados como “acciones de carácter violento encaminadas a intimidar a las personas”, y luego designó a dos especialistas en agrupaciones terroristas y anarquistas para dirigir la investigación.

 

El párroco de la comuna de Estación Central, Fernando Ibáñez, dijo que los vecinos vieron a dos mujeres y dos hombres huir del lugar. Contó que estaba durmiendo en la iglesia cuando sintió un ruido y al mirar por la ventana vio que estaba ardiendo la puerta. “En ese momento los vecinos gritaban que se incendiaba el templo. Apagamos el fuego. Esto llama la atención, no es el camino”, añadió.

 

El segundo templo incendiado en la madrugada fue la iglesia Emmanuel, en la comuna de Recoleta. Allí fue el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, que verificó los daños en ventanas y puertas por el estallido de una bomba lanzada hacia el interior.

 

En Peñalolén, comuna precordillerana de Santiago, la capilla Cristo Vencedor fue blanco del tercer ataque. El explosivo esta vez estalló junto a la puerta principal de madera y dejó un gran forado. El cuarto artefacto no alcanzó a ser activado y fue descubierto por Carabineros en la puerta de la parroquia Santuario de los Pobres, en el centro de Santiago. Cerca de ahí, en una pared, había un grafiti: “Por el Papa 10.000 millones [de pesos chilenos] y los pobres nos morimos en las poblaciones”.

 

Pasadas las 14 fue hallado un quinto explosivo en la puerta de la iglesia Jesús Maestro, también en la comuna de Estación Central. Carabineros evacuó el lugar y pudo desactivarlo.

 

Aparte de los ataques a parroquias, un grupo de deudores habitacionales llamado Andha Chile a Luchar tomó la Nunciatura Apostólica, donde dormirá el Papa en Santiago. “El problema no es la fe, sino los millones que gastan”, decía uno de los panfletos que dejaron en la entrada. El edificio luego fue desalojado.

 

El fantasma del encubrimiento de los abusos

 

Los obispos chilenos prometen justicia:

 

  • Tras la revelación de una carta redactada por Francisco en 2015 y dirigida a los obispos chilenos, donde manifestaba su preocupación por el caso del obispo Juan Barros, acusado de encubrir a un sacerdote abusador, y comentaba su intención de removerlo del cargo, la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) reconoció ayer que se trataba de una misiva verdadera.

 

  • “La gente espera pasos concretos” en el reconocimiento y la reparación a las víctimas de abusos sexuales, dijo ayer el vocero de la CECh, Jaime Coiro, que precisó que el Papa, que arriba pasado mañana a Chile, “viene a encontrarse” con “una Iglesia de dolor, de pecado, de abuso y, posiblemente, también de silenciamiento de situaciones del pasado”.

 

  • Respecto de los “pasos concretos”, Coiro afirmó que “puede haber documentos muy bonitos, declaraciones muy rimbombantes, consignas como ‘tolerancia cero’, pero si la gente no aprecia una real disposición de todos en la Iglesia para que se haga verdad, se haga justicia y que se repare y sane a las víctimas, todos los símbolos pueden ser, verdaderamente, insignificantes”.

 

 

Fuente: La Nación

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