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Chacarita-Racing: la Academia no pudo y resignó dos puntos en San Martín

L as carreras de Neri Cardozo y Elías Alderete no guardan ninguna relación entre sí, y no solo por los nueve años de edad que los separan. El mendocino que se dio a conocer en Boca hace una década y media acumula sobre su espalda la experiencia de media vida, mientras que el chico que nació en San Miguel 22 años atrás hizo ayer su presentación en Primera División, más allá de sus apariciones en la B Nacional la temporada pasada.

 

Las diferencias aparecen en cada rincón del currículum de ambos. Cardozo jugó en dos clubes grandes, sabe lo que es adaptarse a un país diferente -México-, y a varios equipos distintos. Alderete solo conoce la camiseta de Chacarita, la que usa desde que ingresó en sus categorías inferiores. Ayer coincidieron casi de casualidad sobre el césped del estadio funebrero, y cada uno a su manera fue iluminando con ráfagas de luz las sombras de un partido opaco, con poco brillo, contadas emociones y un empate que no acabó por servirle a ninguno de los dos.

 

El Cardozo que volvió de tierras aztecas demuestra partido a partido que el tiempo le aportó un interesante conocimiento del juego. Situado como enganche por detrás de los delanteros, en San Martín dio durante 45 minutos un pequeño curso de cómo y dónde encontrar los lugares muertos, esos espacios entre líneas que quedan libres cuando la coordinación defensiva del rival no es la más idónea y se convierten en sitios ideales para manejar los hilos atacantes de un equipo. Incluso después, cuando incomprensiblemente Coudet lo mandó a recordar sus tiempos de puntero derecho, se las ingenió para elaborar lo más peligroso de un Racing en tono menor.

 

Alderete -un N° 9 inquieto, movedizo, de 1m75 de altura y piernas ágiles-, ni siquiera iba a ir al banco, pero el uruguayo Facundo Rodríguez no se recuperó a tiempo y se metió entre los convocados. A los 22 minutos, Mauro Matos, el faro de ataque de Chacarita, se torció un tobillo, y a Sebastián Pena no le quedó otra que tirar del único delantero que tenía a mano.

 

El pibe no se arrugó ante el compromiso. Sus características, muy diferentes a las de Matos, obligaron al local a modificar su modo de acercarse a Musso, pero a base de pisadas, tacos y gambetas se asoció con Matías Rodríguez e Imbert, y entre todos lograron sostener durante muchos minutos el trámite parejo de un partido que a priori “debía ser” para Racing.

 

“Debía ser”, pero no fue, por la enjundia del local para enfrentar un designio que parece condenarlo al descenso y la tarde gris de Centurión, Lautaro y Cuadra. Una tarde a la que solo la sabiduría de Cardozo y el atrevimiento de Alderete le pusieron algunos chispazos de luz.

 

 

Fuente: La Nación

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